Mostrando entradas con la etiqueta El hombre del banco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El hombre del banco. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de julio de 2011

SÓLO UNA CALADA MÁS: Cap. XIX, EL HOMBRE DEL BANCO (VACACIONES EN EL MAR)


El hombre del banco se ha despertado más pronto de lo habitual debido a una noche de calor hambrienta de sudor y de altas temperaturas, se dirige medio inconsciente a la fuente más próxima del parque y allí entre los hierbajos del estanque se zambulle en calzoncillos, apartando sin pudor a los patos molestos que no dejan de picotarle por todo el cuerpo y tras la media hora larga del baño matinal, se seca tendido a la sombra de un sauce llorón y se acicala de arriba a abajo con su único traje de siempre, su camisa blanca, sus calcetines negros... uniforme que con esmero lava cada noche en la fuente de botón del parque con la pastilla de Heno de Pravia que la tendera del bazar chino le entregó a cambio de uno de sus experimentados y afamados besos Turcos. Y tras el ritual de aseo matutino, se dispone a caminar hacia la zona de los chiringuitos y bares cercanos al paso de Marinaverde, que separa el parque de la Route de la orilla de la playa. Se sienta cómodamente en la terraza de La Bondadosa, un restaurante con vistas al mar y olor a pescado frito y agarrando el periódico local y con el disimulo que lo caracteriza se toma los restos de las tazas de café con leche que los clientes más madrugadores que él, han ido dejando esa mañana y peregrinando de mesa en mesa haciendo como que busca la mejor sombra y la vista perfecta al horizonte marino, termina por desayunar placidamente un croissant intacto que el último crío malcriado acababa de dejar allí...relajado y tranquilo, pone mala cara al camarero que sale a tomar nota de su pedido, indicándole que los mosquitos Tigre que acosan su local no han dejado de molestarlo ni un sólo momento y con gesto despectivo y ante la cara de asombro del camarero, abandona el lugar.

No ha caminado mucho, cuando por la acera contigua se topa de bruces con una agencia de viajes que publicita en su cristalera todo tipo de ofertas vacacionales...en los pósters bellas modelos -con o sin compañía- sonríen placidamente y son acariciadas por el sol bajo sus sombreros de paja de ala ancha y un simpático hombrecillo de color oscuro les sirve grandes copas de cocktails tropicales...sin pensárselo dos veces el hombre del banco entra en la agencia y se sienta cómodamente delante del amable vendedor preguntándole por el destino del póster, el empleado de la agencia no escatima en detalles y le muestra la ruta hacia el Dorado, un paquete de lujo de 7 noches por el Caribe haciendo escala en Key West, Jamaica, Gran Caimán y México.

-No podemos prometerle nieve, pero si unas cálidas vacaciones en las mejores playas - asegura el sonriente vendedor. -Le encuentro un hombre con estilo y es sin duda el mejor de los destinos para usted- categoriza.

El hombre del banco le devuelve la sonrisa que pronto se desvanece cuando el insensato vendedor le informa de que el precio de aquel sueño le costará más de 2.500eur., a lo que acto seguido el hombre del banco le hace un desplante y se marcha de allí sin mediar palabra... cabizbajo y pensativo continua caminando por el puerto cuando un hombrecillo uniformado de blanco, con botones dorados, galones y guantes, le dedica un saludo militar.

- Le esperábamos señor-

-¿Sí?- responde aturdido el hombre del banco.

- Por supuesto. Llega con media hora de retraso. Vamos a zarpar ya hacia Jamaica. No podíamos partir sin usted. Suba.

Con aire soberbio y con los ojos como platos, el hombre del banco sube a bordo del Splendida, una obra maestra sobre el mar, como su slogan indica en la proa, donde es recibido por la tripulación con gran satisfacción.

-Lleve al contramaestre a la sala de máquinas. -ordena el capitán-

-Sí señor. -responde el oficial de los botones dorados-

El hombre del banco sin mediar palabra comienza su excursión particular por el Splendida, camino de la sala de máquinas, no sin antes acomodarse en su camarote y colocarse el uniforme reglamentario de color azul marino de botones dorados con gorra de plato que le han asignado. No tarda en subir a la cubierta del lujoso naviero, con el azul del mar de fondo y los turistas congregados en todas partes, una señora gorda con pamela de plumas, embadurna a sus hijos con crema de protección solar hasta la saciedad, mientras éstos se dedican a molestar a aquellos que toman el sol en las tumbonas al borde de la piscina, disparándoles con sus pistolas de agua escondidos en la retaguardia de un mástil...toda la fauna humana estaba allí,...jubilados deseosos de conocer la arena blanca y las playas cristalinas, familias con niños en pos de la ansiada tranquilidad, parejas de novios disfrutando de luna de miel, amantes escapando de sus vidas conyugales, amigos en busca de nuevas aventuras y hasta empresarios en viaje de negocios... todos parecían tener su destino navegando a bordo de ese trasatlantico...de momento los ojos del hombre del banco se clavan en la melena pelirroja que ondea de espaldas al viento, rodeada por una convención de oftalmólogos de diferentes paises...bajo las gafas negras y el sombrero de rafia, la pelirroja que va de la mano del otro, sonrie abiertamente al recién nombrado contramaestre, que en un acto reflejo guiña su ojo sin parche a la hermosa joven a quien ha reconocido desde el primer momento.

Bajo un cielo abierto de temperaturas cálidas, viento a favor y aromas marinos, el hombre del banco navega con rumbo a Oculoris.

11.30A.M., En la cabina de mandos del Spléndida el controlador automático del DSC recibe un telex... "Buenos días. Soy el contramaestre Javier López Arenas. Llegaré en helicóptero en breves instantes para ocupar mi puesto. Motivos de máxima urgencia no me han permitido ingresar en el buque a pimera hora de la mañana"...
(continuará)




lunes, 18 de abril de 2011

SÓLO UNA CALADA MÁS: (Cap.XVII) El hombre del banco: Constelación


Muy buenos días de martes, amigos, Calados y lectores:

Vuelvo un martes más a las letras, para traeros en esta ocasión a un personaje muy querido de mi puño y telca; El hombre del banco, que nos va a acercar a una Constelación.

Disfrutadlo.

Arwen

(Cap.XVII) EL HOMBRE DEL BANCO: CONSTELACIÓN.


Bajo la atenta mirada de los chopos, el hombre del banco se balancea sobre el columpio deshabitado por la ausencia de niños, mientras la primavera permanece inestable en el parque de la Route, como una muchacha caprichosa que lo mira de reojo y se empeña en salir descalza mientras juega a saltar en los mismos charcos en los que él se sumerge. Y jugando a alcanzarla en su memoria cesa la lluvia y entra el sol con rabia, como si estuviera celoso de él, como si temiera perderla con aquel ser humano que cada tarde, cuando el día termina y la noche desciende por sus zapatos, demolido por la oscuridad que lo ciega, se deja caer en el mismo banco público que lo acoge y lo mece, como una eterna madre protectora. Y allí medio dormido, con la cabeza recostada en ese regazo uterino, clava su único ojo en las estrellas, a través de esas partículas de polvo que sólo son visibles cuando la luz las delata y en ese esplendor múltiple de aquellos astros advierte que no está solo aún cuando la mirada lo lleva a algún lugar al que nunca viajó...donde jamás estuvo, pero ellas, todas...le devuelven la mirada con su resplandor incesante contándole todas las veces en las que ha jugado y ha perdido...el amanecer se retrasa, en su tranquilidad silenciosa, bajo la hoquedad celeste a modo de gran bóveda marmórea, sin campanario, ni iglesia, su corazón en derribo se sujeta tan sólo de las formas imaginarias que se distinguen en el cielo nocturno, uniendo mentalmente los puntos formados por un grupo de estrellas, que pintan sin pincel ni lienzo una melena roja, tan brillante como la propia constelación formada y allá arriba mirándolo fijamente, sin reparos, ni moral, ni tabues, ni prejuicios, ni sociedades, ni individuos... un hermoso ojo le dedica un gesto privado, al tiempo en el que por su lagrimal nebuloso, la emoción se diluye hacia la tierra en forma de aguacero, bañándolo por completo con su llanto circumpolar y allí en el suelo, abatido, derrotado, sin nombre, ni letras, ni números, con la impaciencia de un joven enamorado, el hombre del banco se consuela confirmándose que todos somos polvo de estrellas...

La noche ha sido larga, tan larga como la distancia que separa los astros...por el paseo central del parque, cercana a la fuente de los naranjos, la pelirroja que va de la mano del otro, aumenta el ritmo de sus pasos, para no llegar tarde a su trabajo. El hombre del banco la mira a lo lejos, recordando la noche de amor que han pasado juntos y con los labios entreabiertos y sin dejar de observarla le recita unos sonetos prestados...


"Esta es la raíz de la raíz,
el brote del brote,
el cielo del cielo
de un árbol llamado vida,
que crece más alto
de lo que el alma puede esperar
o la mente ocultar.
Es la maravilla que mantiene
a las estrellas separadas.
Llevo tu corazón.
Lo llevo en mi corazón".



El ajetreo matinal de los pájaros, lo saca de su dulce sueño, donde la luz y el sol, lo traen de vuelta a su propio destino, ...el hombre del banco cierra los ojos en un esfuerzo por intentar regresar a su estado anterior y con las puertas de su conciencia cerradas bajo llave, se consuela deseando que algún día todos sus sueños se hagan realidad...




martes, 15 de marzo de 2011

SÓLO UNA CALADA MÁS: EL HOMBRE DEL BANCO (La noche de fuego)


Muy buenos días de martes, amigos, Calados y lectores:

Vamos a regresar un día más a las letras, para traeros de mi puño y tecla, una historia muy peculiar de un personaje al que conocemos bien, con todos vosotros: El hombre del banco y "Noche de fuego".

¡Disfrutadlo!

Saludos.

Arwen


EL HOMBRE DEL BANCO: LA NOCHE DE FUEGO

El hombre del banco
ancla sus tobillos en alguna parte de la tierra mojada, alrededor de él una gran guerra de fuego, pólvora y ruido lo situan en el epicentro de una ciudad que lejos de encontrarse en pleno conflicto bélico, incendia el cielo de colores y sonidos. Aterrado, espantado y a la vez maravillado, el hombre del banco deja caer su espalda sobre la hierba humeda al amparo de un gran manto verde que un día fue el antiguo cauce del río Turia, hoy convertido en un gran parque que atraviesa la ciudad. Con la cabeza rescostada y la mirada fija en un espectáculo de humo de colores el hombre del banco imagina formas que estallan y se desdibujan en el aire...palmeras, flores, animales, bajo un manto de estrellas lejanas, el silencio de una multitud cercana lo abriga con su calor humano, cabelleras de todos los colores y texturas, diversidad de tamaños y formas de ojos, bocas, narices, matices inimaginables de pieles forman ese gran manto humano en el que sin saber ni como, ni cuando, se encuentra inmerso, como uno más, dejándose acariciar visualmente por esas formas aéreas. Los disparos de los cohetes le traen recuerdos de su infancia y por un momento cierra los ojos y se observa de lejos caminando de la mano de su madre. Él también tuvo pasado, como toda aquella maraña de caras y cuerpos desconocidos. Su pelo lacio y fino enredándose entre los dedos de su padre, los rizos rojizos de su madre sobre su rostro...tan cercana y tan presente como si jamás se hubiera ido. Una imagen que le recuerda ahora más que nunca a la mujer que va de la mano del otro. Y es ese estado emocional que emerge de su embriaguez el que lo lleva a agarrar con suma delicadeza la mano ajena que tiene más cerca y entonces y con toda la pasión de la que es capaz, la acerca hacia él y la lleva hasta su pecho, la besa sin dejar escapar ni un sólo centímetro de su delicada carne, disfrutando cada milésima de segundo de ese secuestro trémulo, al tiempo en el que abre los ojos y se encuentra de frente con el propietario de aquellas extremidades...un uniformado agente de la policía local que con cara de pocos amigos y mascando chicle cual sheriff del condado, clava su mirada felina en la suya.
Perseguido por aquellas manos, aprovechando el disparo final y con la aceleración máxima de un Velociraptor el hombre del banco se emborrona y desaparece como toda aquella artillería, bajo la noche de fuego.



martes, 1 de febrero de 2011

SÓLO UNA CALADA MÁS: (XV) EL HOMBRE DEL BANCO: la pieza perfecta


El hombre del banco, se despierta sintiéndose un hombre nuevo al abrigo del montón de billetes que duermen en el bolsillo interior de su americana y que aquel gentil hombre del descapotable le hizo entrega tan altruistamente...se sienta al borde del banco que lo sostiene y con la mirada fija en el firmamento del parque se pone a pensar en que puede invertir su reciente fortuna. Mira a un lado y ve pasar a una hermosa joven de cabellos dorados y por unos momentos siente la irrefrenable tentación de comprársela para siempre, pero por su mente pasan los atisbos de una visión tediosa y desesperante con escena de sofá y mando de televisión compartido donde la bella melena se convierte en una cabeza repleta de rulos, de mirada inmutable y carente de sonrisa y casi sin poder evitarlo suelta un grito de pavor al paso de la exuberante rubia. Entonces mira hacia el lado opuesto y descubre a un hombre de mediana edad, apurando un cigarrillo en la puerta de un bar, con lágrimas en los ojos y sosteniendo tembloroso, por los tres grados bajo cero que se aglutinan en el ambiente, su herramienta de dolor y placer y por unos breves instantes piensa en comprarse tantos paquetes de tabaco como precise, para invitar a todas aquellas pobres almas castigadas que de un tiempo a esta parte acechan humo en boca desde todos los rincones y callejones de la ciudad, pero tampoco le convence esta idea gratuita, ya que nunca hasta entonces alguien le había regalado nada, su mentor, el hombre del descapotable debía de ser un ángel enviado directamente desde los lechos celestiales y el destino de su riqueza tenía que ser mucho más sublime, imponente, colosal y sin dejar de mirar a su alrededor y esperando la señal divina que lo dirigiera en el sentido correcto, se deja caer en el respaldo del banco público mientras sus manos se deslizan por un pequeño folleto publicitario que anuncia portátiles a precios de ganga, bajo el slogan: "señoras" sólo en facebook. Así que raudo y veloz el hombre del banco se dirige hasta la tienda de informática de la esquina y con el montón de billetes en la mano persuade al dependiente para que le sirva lo más pronto posible uno de aquellos utensilios de seducir señoras y el dependiente que se encuentra en plena crisis económica mundial y nacional sin dudarlo, le vende el más caro, veloz y despiadado espécimen virtual, también llamado alienware m17x y bajo la potencia de su maravillosa tecnología de última generación le ofrece al hombre del banco una sobreaceleración instantánea y dinámica que a él le parece pura excitación y en esa exaltación de los sentidos, deja resbalar los dedos por la pieza perfecta, sellando su amor por tan delicada joya y haciendo uso del wifi se conecta al bien preciado facebook, como alma que se introduce en el paraíso eterno, para devorar con placer infinito la fruta prohibida de todas las "señoras" que allí, se hallan esperándolo...y posicionándose en la barra de búsqueda, comprueba con satisfacción como los grandes resultados no se hacen esperar y un gran arsenal de señoras de lo más variopintas caen rendidas a sus pies..."Señoras que se sientan en el metro y suspiran para dramatizar su cansancio", "Señoras que van por el medio de la acera y no se dejan adelantar fácilmente", "Señoras que alimentan a las palomas por si alguna es el Espiritu Santo", "Señoras que, disimuladamente,avanzan para oír pecados del confesionario". Y un suma y sigue de señoras provistas de un interés on-line exponencial a las que se apresura en agregar como amigas y lo que surja ...y comprueba con especial satisfacción como en tan sólo una mañana, buscando por aquí y por allá ha superado con creces el centenar de amigos en ese lugar, gente a la que no conoce en absoluto, le abren las puertas de sus vidas y lo acogen con los brazos abiertos de par en par aunque sea para no volver a hablarle nunca jamás y entre esas vidas desconocidas se lanza a buscar a la pelirroja que va de la mano del otro sintiendo la certeza absoluta de que ella estará allí en alguna parte de esa telaraña de caras, esperándolo para añadir su amistad y entonces el camino hacia Oculoris, será mucho más fácil, más sencillo con el linaje de una clientela tan selecta hallada en aquel abismo virtual, pero cuando está a punto de resolver la pesquisa que lo llevaría hacia la pelirroja, el alienware, cobra vida propia y muestra en la pantalla una frase que cita; "sin conexión a Internet", a lo que el hombre del banco abrasado por la ira comienza a caminar exaltado de uno a otro lado del parque, con el portátil entre sus brazos buscando esa conexión que le permita alcanzar su objetivo amoroso y en el movimiento incierto de sus pasos, el fantástico, apoteósico y titánico alienware m17x le avisa una y otra vez a través de un texto en su pantalla que indica: low battery justo antes de sufrir el apagón y cesar en su actividad. Entonces, el hombre del banco se abraza desconsolado a la máquina infernal llorando su muerte fortuita y sin pensárselo dos veces arroja el alienware más innovador del mercado y ahora descargado a la papelera más próxima, pensando en lo poco duran estos aparatos tan extremadamente caros y en esos pensamientos y sin dejar de caminar, su silueta desaparece en el fondo del parque...






martes, 23 de noviembre de 2010

SÓLO UNA CALADA MÁS: El hombre del banco: Algunos hombres buenos.


Muy buenos días, amigos, Calados y lectores:

Volvemos un nuevo martes a las teclas para traer hasta estas Caladas literarias a un personaje entrañable que últimamente se ha visto merodeando por Madrid. Con todos vosotros, El hombre del banco en Algunos hombres buenos.

¡Disfrutadlo!


EL HOMBRE DEL BANCO: Algunos hombres buenos.

Amanece despacio en el parque de la gran ciudad, el sol se cuela sin prisas entre los entresijos de las hierbas, para zarandear las pocas flores que ha dejado el otoño y hacerse paso entre el paisaje. Al fondo del pasaje principal, donde los olivos urbanos serpentean el camino, se puede divisar con claridad el mismo banco público de siempre, aquel que tantas veces acomoda y da hogar al hombre del banco. Rodeado por un escenario envidiable de Lirios y otras flores de invierno el aroma a lavanda y romero se hace evidente tras el frío nocturno y bajo el telón de una gruesa manta el hombre del banco permanece inmóvil sólo acompañado por su incesante respiración, hasta que puntual a su cita, como un reloj regalado por la naturaleza, los rayos del sol cubren su cara invitándolo a seguir vivo y a no perderse nada...


Presiente que hoy será un gran día, de esos que no se olvidan fácilmente, que marcan y que dejan huella interior, así que sin saber muy bien ni como se calza sus únicos mejores zapatos y persiguiendo sus propias huellas se deja llevar por el asfalto obedeciendo sólo a sus pasos. No ha caminado mucho cuando se topa de bruces con una Fiat Ducato, aparcada en la puerta de una sala de conciertos y cargada de instrumentos donde sus ocho pasajeros al verlo lo reciben entusiasmados y no dejan de elogiarlo por su puntualidad y por su acogimiento, ante tal situación el hombre del banco se abraza a todos ellos y se siente tan complacido que se decide a acompañar a aquellos desconocidos allá donde vayan. Uno tras otro comienza a subir y a bajar de la furgoneta cargando los pesados artefactos sonoros que van llevando cuidadosamente al interior de la sala y él que ya ha demostrado tantas veces ser un individuo solidario, asciende y desciende del vehículo con la sonrisa puesta y cargando con las guitarras, la batería, micros, cajas, cables, a una velocidad por la que es aplaudido por sus generosos compañeros de viaje. Ya en el interior del local un amable camarero le dispensa una cerveza tras otra insistiéndole mucho en que después del concierto habrá más para él y para sus compañeros del grupo, así que el hombre del banco se regocija entra tanto derroche y desinterés y se toma todas las copas que aquel altruista ser humano le va sirviendo. Aplacada su sed y calmados sus deseos se sumerge entre la multitud del público y disfruta del concierto mientras el resto del integrantes de la banda le hacen señas de ánimo desde el escenario y comentan entre sí lo amable que es el dueño de la sala, que no ha dejado de ayudarles con la descarga de instrumentos y con el montaje y además ahora corea sus canciones... el hombre del banco tan gentil como de costumbre les manda mil guiños desde su parche en el rostro, que levanta y tapa rápidamente en un palmear delicioso de su perfil izquierdo, hasta que de pronto, acierta a ver rodando por el suelo lo que le parece una esfera perfecta, tan impecable, tan brillante como un ojo humano y persiguiéndolo, sale de allí, camina por el paseo General Martinez Campos en dirección a Tribunal y poco antes de cruzar la carretera, la bola se detiene justo al pie de la estatua de un gran hombre, junto a ella, un banco público se le muestra complaciente y tras recoger la juguetona canica de la calzada se recuesta en él a contemplar a los viandantes nocturnos que toman la ciudad con sus pisadas. Cercanos a él camina una expedición humana formada por cinco miembros del público a los que reconoce al instante...con su porte refinado y haciendo uso de una reverencia saluda a las dos damas y saca la lengua a los tres varones, pero ellos parecen no verlo y continúan su trayecto perdiéndose entre los callejones que desembocan en la Gran Vía.


El frío de la noche y el alcohol cabalgando por sus venas le adormecen la conciencia en aquel plácido banco de la capital que sólo es avivada por el sonido del vehículo que frena a dos metros de él y por el que desciende aquel camarero tan cordial que además de servirle copas toda la noche le explica que ha sido una suerte enorme de encontrarlo de regreso al local, después de haber tenido que marchar a toda prisa en mitad del concierto pues así no tiene que volver para entregarles "lo acordado" y acto seguido le coloca en el interior del bolsillo de la americana un sobre repleto de billetes despidiéndose de él en su flamante Audi A7 y dándole las gracias, mientras cerrándose la capota del vehículo, desaparece engullido por la oscuridad.


...Hoy ha sido un gran día, de esos que no se olvidan fácilmente, que marcan y que dejan huella interior, el hombre del banco se descalza sus únicos mejores zapatos y se duerme plácidamente en el banco junto a la escultura...




martes, 26 de octubre de 2010

SÓLO UNA CALADA MÁS: EL HOMBRE DEL BANCO, El banquete.


Muy buenos días, amigos, Calados y lectores:

Regreso un martes más a las teclas y lo hago en esta ocasión acompañada de un hombre muy especial...uno, que vosotros conocéis bien y que tanto nos hace reír, llorar y pensar a partes iguales...un compañero de lujo. Con todos vosotros: El hombre del banco, que en este capítulo se adentra dede mi puño y tecla en "el banquete".
¡Disfrutadlo!.




EL BANQUETE

Tras escapar de la clínica oftalmológica, el hombre del banco regresa a su vivienda habitual, el banco público situado en la parte derecha del parque de la Route, aquel que los rayos solean en otoño, nada más comenzar el día, acompasado por el vibrante trinar de los pájaros y el maullido intenso de algún gato en celo. Con semejante sinfonía, el hombre del banco, se despereza en su trono público, satisfecho de haber escapado de las garras del empalagoso marqués aunque consternado por la pérdida de su abrigo económico. El hombre del banco, se estira cuan largo es y con paso firme comienza a recorrer algunos de los senderos del parque donde no tarda en ver a un grupo de mujeres ataviadas de negro riguroso que lloran copiosamente.
- ¡Oculoris! -exclama-, alguien lo ha encontrado antes que yo. Y con la duda y el temor de que su gran proyecto hubiera podido ser perpetrado por otras mentes el hombre del banco se acerca sigilosamente a la congregación de mujeres enlutadas y rompe a llorar extenuado, apenado, al haber perdido hasta sus sueños...
Las mujeres lo abrazan, lo consuelan, lo miman y él se deja acunar entre sus brazos, al tiempo que lo conducen a través de las calles cercanas al parque, a un piso pequeño donde un cadáver de cuerpo presente preside el centro de la sala. Muchos más hombres y mujeres, lloran desconsolados la pérdida de aquel ser, en una mesa cercana una fotografía del difunto cita "nunca te olvidaremos, Dr.Honoris...", ¡su sueño estaba a salvo!...toda aquella gente no sabía nada en absoluto de Oculoris...y además una larga mesa de manjares exquisitos se rendía a sus pies donde todos comían y bebían a placer. El hombre del banco, come uno tras otro todos los canapés situados en forma de pelotón en las diferentes bandejas, bebe vinos y licores y después de varias horas de ingesta y como muestra de gratitud hacia todos aquellos plañideros, lanza un sonoro eructo en mitad de la sala, dedicándoles a continuación la mejor de sus sonrisas.

Pero después de cuchichear un rato, los maleducados y desconsiderados familiares y amigos del difunto, le insultan y lo llaman impostor, tirándolo a cajas destempladas del velatorio.

Ya fuera, el hombre del banco, con el estómago lleno, sus sueños depositados nuevamente en Oculoris y la mirada altiva, no dejándose desalentar por aquellos hipócritas seres humanos...se desdibuja de vuelta a su hogar, silbando con gran euforia, como un ruiseñor en la tierra, una melodía que dice..."cuando un amigo se va"...

.....................................................................................................




Saludos.

Arwen

martes, 21 de septiembre de 2010

SÓLO UNA CALADA MÁS: (Cap. XII) El hombre del banco: el beso


Muy buenos días de martes, amigos, Calados y lectores:

Regreso un martes más con todos vosotros, a la tecla con Sólo una Calada más y lo hago en esta ocasión rescantando de nuestro baúl de recuerdos a un personaje muy entrañable y peculiar y que no es otro que nuestro querido hombre del banco...

Y con él y con sus aventuras y desventuras, su particular modo de mirar y afrontar la vida vamos a disfrutar juntos de EL BESO.



EL HOMBRE DEL BANCO: EL BESO.



Fuera en el jardín el otoño se ha colado en silencio, bajo un murmullo, casi sin hacer ruido, atendiendo sólo a los tonos anaranjados y al repiqueteo del agua en los bancos que pueblan sus rincones. Acomodado en uno de ellos, el hombre del banco juguetea con el parche de su ojo, que luce orgulloso y le hace levantar si cabe más su prominente y desairada barbilla. Observa con su único ojo al personal que deambula frente a él y adopta entonces un semblante interesante, elevando los labios como para besar, con los brazos en jarras, se relame la boca, mientras suelta una risotada al compás eufórico de un “ron, ron, ron, la botella de ron” que comienza a entonar desaforadamente...el personal a su paso lo mira con cara de pocos amigos, pero a él le da igual, le divierte, su nueva condición de pirata le parece extremadamente excitante y mientras se regocija en ella, se sitúa a tan sólo dos metros de él esa mujer que va de la mano de otro y que él tanto desea. Momento en el que el hombre del banco comienza a espetarle un guiño de su único ojo, pero se enfada al comprobar que al cierre de su párpado todo es negro y no atina a averiguar si ella le muestra sus favores...así que ofuscado en el intento opta por lanzarle minúsculos besos a la par que abre y cierra rápidamente el parche de su desaparecido ojo, como en un ritual de apareamiento insectívoro...cual es su sorpresa cuando como muestra de su devoción la doctora se dirige hacia él, se inclina, le sujeta la cabeza con firmeza y comienza a inspeccionarlo...
El hombre del banco se abandona a todas las suertes en sus cálidos brazos, deja caer su párpado, ciega su mirada y alarga sus labios para besarla, paralizándose al tiempo en el que otros labios lo reciben generosos y humedecen los suyos, se cuelan entre su lengua, lo saborean y se fusionan en el goce de sus encantos, mientras languidece de placer...lentamente vuelve a recuperar la compostura, respira hondo, agudiza los sentidos de la vista, enfoca la mirada, mientras comprueba que los cabellos rojizos se han tornado rubios y escasos, a veinte centímetros de su cara un hombre de mediana edad y complexión gruesa le acaricia los pómulos dedicándole todo tipo de agasajos...
Petrificado, impactado, omitiéndose entre la espesura del jardín, como un fantasma sin limbo, el hombre del banco siente pánico, enmudece, al tiempo que la joven doctora pronuncia las palabras:

-Le presento a su redentor, el señor marqués.

El hombre del banco, comienza a gritar y a correr como perseguido por el diablo y desparece entre el sendero que delimita el estanque.

....................................................................................................................................................

Besos cercanos xD

Arwen


TODAS LAS HISTORIAS DEL HOMBRE DEL BANCO


* Y con todo esto aprovecho para comentaros, que el próximo Domingo día 3 de Octubre, regresan a Calados Hasta los Versos, LAS PALABRAS ENCRIPTADAS, en su horario habitual a las 21h. Entre tanto podéis enviarnos vuestros criptex a: caladoshastalosversos@gmail.com

¡Os esperamos a todos!...¡no faltéis!...




martes, 27 de julio de 2010

Sólo una Calada más: El hombre del banco (Vacaciones)

Buenos días, amigos, Calados y lectores:

Como ya es habitual aquí en Calados hasta los versos, un martes más nos citamos con las letras, en este espacio de mi puño y tecla que es Sólo una Calada más y hasta donde os he querido acercar hoy y por la proximidad de las vacaciones a un personaje ya habitual por estos lares y que no es otro que: El hombre del banco.
¡Disfrutadlo!

Arwen




EL HOMBRE DEL BANCO: VACACIONES

Recordó que estaba vivo, sintió la bravura de su carne crujir bajo la piel de oso que lo contenía, abrió los ojos de par en par, como persianas desorbitadas girando hacia todas partes y sintió que un instinto feroz por seguir vivo le recorría el cuerpo de horizonte a horizonte y esto, le resultaba exultante, lo excitaba, lo obligaba a escuchar a su diminuto corazón bombear la sangre como si le fuera a estallar en un palpitar rítmico que casi lo cegaba y aún así, se negaba a morir, la anestesia le fue emborrachando las venas lentamente hasta sucumbir a un mundo empírico sin contemplaciones y allí, tan libre como cualquier otro dejó de sentir el peso de su cuerpo bajo los pies y se marchó caminando por un etéreo sendero de oídos sordos, tan cercanos a la conciencia que casi parecían la misma cosa, giró sobre el colchón pespunteado y descubrió entonces que no estaba ni vivo, ni muerto, ni dormido, ni despierto, entonces, ¿cuál era ese estado en el que se encontraba? que le transmitía tanta paz, tanto sosiego y contra el que no podía luchar...
El foco hilarante del quirófano le escupió de golpe la realidad, una para la que tal vez nadie estaba preparado, desnudo bajo la luna artificial que le aportaba calidez una sonda y un gotero le proporcionaban el bienestar necesario para seguir latente en su existencia.

- Ha sido un milagro, cuchicheaba una enfermera al cirujano de guardia.
- Dudo que los milagros existan señorita, sólo tengo la certeza del tiempo y éste o corre a nuestro favor o en nuestra contra, en el caso de este hombre le ha sido favorable.

Observándolos a un metro, el hombre del banco extiende sus manos aún faltas de habilidad y destreza y alcanza a palpar sus extremidades todavía dormidas sobre la camilla, comprueba palmo a palmo que todo su ser sigue allí, alarga ahora las manos hasta alcanzar su cara, roza sus labios, la nariz, los pómulos, las orejas, la barbilla, las cejas, hasta comprobar la inexistencia de un pequeño detalle, tal vez no tan pequeño, la venda y el surco le responden la falta de su ojo izquierdo, trata de llorar pero no puede, se lo impide la sedación.
La misma enfermera de cabellos lacios, se inclina hacia él, le acaricia las manos suvamente y le susurra en voz baja que ha tenido mucha suerte, que el accidente de tráfico se ha cobrado sólo su ojo, pero que milagrosamente seguirá viviendo, que no se preocupe por nada, porque los gastos de hospitalización corren a cargo de él, al igual que la indemnización millonaria y que de momento sólo se preocupe por disfrutar de unas vacaciones con todas las atenciones que precise, pida todo lo que quiera, por orden expresa del marqués.

El hombre del banco fija su mirada derecha en la pared de la estancia, un poco más allá, una ventana anuncia un jardín, en él se puede observar un estanque, la quietud de la mañana sólo es acompañada por los brillantes rayos del sol, un grupo de hombres y mujeres se reunen alrededor de él, reconoce la silueta de la pelirroja a la que un día acompañó en torno a una mesa comunitaria y que viste una bata blanca en la que se puede leer "Instituto de Microcirugía Ocular"....satisfecho de que al azar lo alimentara y lo cuidara, se contagia de un entusiasmo eufórico al comprobar como ha cambiado su situación personal y está dispuesto a abandonar la soledad para compartir sus inesperadas vacaciones con esa mujer que va de la mano de otro, camino de Oculoris.

..............................................................................................................................................

Y si os apetece recordar aventuras anteriores del hombre del banco, sólo tenéis que clicar en la imagen...

¡Que lo disfrutéis!



martes, 29 de junio de 2010

SÓLO UNA CALADA MÁS: El hombre del banco (Fascinación)




Buenos días, amigos, Calados y lectores:

Retomamos un nuevo martes a las letras, para traeros en esta ocasión un relato de mi puño y tecla, que nos devuelve como protagonista a El Hombre del Banco, que vuelve con nuevas andanzas.

Disfrutadlo.





FASCINACIÓN


Los rayos comenzaron a hacerse más persistentes, más atacantes, casi inhumanos, acalorando una fina piel traslúcida desde el invierno. Bajo una gorra que no conoce El hombre del Banco amanece rodeado de cuerpos semidesnudos, tendidos en la cálida arena de una playa bañada por aguas cristalinas, con miedo todavía desliza su mano por la visera y deja al descubierto su ojo derecho desde donde contempla un paisaje humanizador a la par que bullicioso donde unos críos juegan a levantar un enorme castillo de arena, que se esfuma bajo las olas a la enorme sacudida de una de ellas, y bajo la espuma el más pequeño llora su fatalidad y arroja sobre la jubilada del sombrero de flores que yace inerte sobre una pequeña duna, unas cuantas palas de arena con premeditación y alevosía y como recién salida del Jurásico, la señora del sombrero de flores le lanza un alarido tan brutal que el niño encierra su cabeza bajo el cubo de llenar agua y tras ello se vuelve a tender sobre la arena haciendo un surco mayor al que dejó antes de incorporarse para vocear. Medio metro después dos jóvenes extienden kilómetros de crema solar por sus espaldas, dibujando nombres y palabras que no pueden ser pronunciadas. Todavía sin comprender que hace allí y como ha llegado, El hombre del banco gira la gorra hacia la parte izquierda de su rostro, destapando esta vez el globo zurdo y una sonrisa de oreja a oreja asoma a su cara cuando descubre aquel seno desnudo sentado junto a él, alineado perfectamente a tan sólo veinticinco centímetros de su mano, tanto es así que al primer movimiento de aquel sinuoso busto, su mano comienza a tomar vida propia, batiendo los dedos en un acorde rítmico desde el meñique al pulgar a modo de escalera como si golpeara suavemente un teclado invisible en un alzamiento que no puede controlar. La oquedad del regazo cercano lo llama a su refugio como a un animal recién parido, sediento y hambriento por lactar y sin pensárselo dos veces El hombre del banco se despoja de su gorra protectora, hace una reverencia doble a aquellos turgentes pechos y se agarra a ellos como al mástil de su propia vida imperándoles todo tipo de agasajos, homenajes y besos, sometiéndolos a su desasosiego hormonal. Pero antes de que la propietaria de aquella caja torácica pudiera balbucear palabra, su asombrado acompañante le propina al Hombre del Banco una somanta monumental a ritmo de pala empuñada por la mujer del sombrero de flores y queda completamente embadurnado por la arena de un pozal que no ha visto llegar.

Sin otro horizonte que aquellos senos prominentes, El hombre del banco se despide fugazmente de la multitud que lo acosa con destino a un recodo mejor y más hospitalario dentro de aquella playa, mientras piensa en lo ciega que está la gente y cada día más y en el favor que le hará al mundo, el día en el que consiga crear Oculoris.

........................................................................................................................

Saludos estivales.

Arwen

martes, 1 de junio de 2010

SÓLO UNA CALADA MÁS: EL HOMBRE DEL BANCO (Un día perfecto).


Muy buenos días de martes, amigos, Calados y lectores:

Volvemos con una nueva edición a las letras de mi puño y tecla, que en esta ocasión toma como protagonista a El hombre del banco, que regresa con nuevas aventuras en su camino hacia Oculoris.



EL HOMBRE DEL BANCO: UN DÍA PERFECTO

El repiqueteo enérgico de las campanas de la iglesia despiertan de su ensoñación al hombre del banco que queda tendido boca arriba con los ojos a medio abrir contemplando el movimiento circular del metal sonoro. Junto al estallido musical, el reloj gótico marca las doce en punto, pero antes de que pueda desperezarse, nuevos ruidos con aroma a pólvora lo hacen brincar del recipiente de madera que lo soporta y a la plaza mayor, como en una llamada frenética acuden acicalados de impoluto blanco inmaculado una decena de de niños y niñas con las manos juntas a la altura de la barbilla y semblante de no haber roto un plato en sus vidas. El hombre del banco, que quiere causarles buena impresión se sacude la americana y el pantalón e imitando a la ordenada compañía, se sitúa tras los niños comuniantes con la misma expresión seráfica que lo precede y caminando junto a ellos se introduce en la iglesia ante el asombro de la concurrencia y en ese transitar por el pasillo que lleva al altar la joven de las trenzas castañas da un inoportuno resbalón que el hombre del banco consigue detener a tiempo con sus negras manos de hollín, pero el mal educado sacristán junto con las intolerantes familias sacan al pobre hombre de la parroquia acusándolo de impostor.

Ya en la calle la anciana señora de rojo, reconoce en él a su difunto hijo y por capricho del destino el hombre del banco termina comiendo en el banquete de la comunión de su incipiente sobrina, ante la mirada insólita de sus nuevos familiares.
Con el estomago lleno y unas copas de más el hombre del banco se marcha sin despedidas del restaurante y deambulando entre la noche urbana sus pasos lo llevan a un asiento público de piedra esculpida. A sus pies un gran cartel anuncia las nuevas gafas de sol de diseño para la temporada...adormecido por su propio sueño y la ventaja de ser hoy un triunfador cierra los ojos cobijándose bajo esas lentes oscuras dejándose llevar por sus pensamientos hacia Oculoris...
.................................................................................................

Y si queréis recordar algunas de las historias ya acontecidas a el Hombre del banco, podéis seguir leyendo aquí.

Saludos.

Arwen

martes, 6 de abril de 2010

Sólo una Calada más: El Hombre del banco (Premonición)

Muy buenos días de martes, amigos, Calados y lectores:

Regresamos tras unos días de vacaciones, con energías renovadas y más palabras de mi puño y tecla, y lo hace también El Hombre del banco que se ve envuelto en nuevas aventuras que hoy os traigo para compartir con todos vosotros, aquí en Sólo una Calada Más.

Ya sabéis que podéis seguir todas las hazañas de nuestro hombre, pinchando en el siguiente link: El hombre del banco.

Y sin más os dejo disfrutando de: PREMONICIÓN.


Con los primeros rayos de sol de la mañana, el Hombre del banco se dirige sin pensarlo dos veces a la farmacia de la esquina que acaba de abrir sus puertas. Tras el mostrador una gentil muchacha de mirada bondadosa, recibe y despacha con parsimonia a la muchedumbre de jubilados que se agolpa frente a ella reclamando sus medicinas bonificadas. Nuestro hombre, galán y caballero como de costumbre, cruza el umbral de la farmacia dedicando a los asistentes una gran reverencia y regalándole a la joven farmacéutica un guiño de su ojo derecho como salido de un film de Hollywood, sin más, comienza a manosear los cosméticos perfectamente colocados en la vitrina de cristal cercana al mostrador, hasta que como por iluminación divina se topa de frente con el cajón de los medicamentos caducados...mira hacia un lado, luego hacia el otro y aprovechando un descuido del alborotado personal agarra la pesada caja verde y sale corriendo del local diciendo; "gracias. Es justo lo que necesitaba". Ya en la calle se acurruca en un portal solitario y comienza a revisar el contenido de su botín que le muestra algo de Paracetamol, Ibuprofeno, antibóticos variados y jarabes malolientes que dictaminan religiosamente su muerte curativa en la fecha de caducidad explícita en sus envoltorios y junto a ellos descubre intacta una vacuna prescrita del virus H1N1. ¡Esto es justo lo que necesitaba!. ¡Un virus de esta magnitud! -murmura el hombre del banco- y devolviendo a la puerta de la farmacia el resto de medicamentos que ya no necesita, guarda cautelosamente en el bolsillo de su americana el botellín de la vacuna, junto con una jeringuilla y comienza a dar pasos sin rumbo deambulando por la ciudad, hasta que al levantar la vista del suelo, encuentra un cartel que dice: Ciberlocutorio y con una sonrisa de par en par que cruza su rostro de un hemisferio a otro, entra amablemente, saluda a la congregación de animados hombres morenos que parecen celebrar una fiesta a ritmo de Reggaeton y se dirige a la primera cabina donde encuentra un ordenador...ya en Internet localiza la página web del bar de la esquina, donde unos enlaces lo llevan a una famosa red social que en su libro de caras le muestra por casualidad a los ladrones de la recaudación de su joya del séptimo arte "La Dolce Vita", continuando con su inmersión en la red, encuentra también la web de la entidad bancaria del joven de la dentadura blanca y con todas las pantallas abiertas en el navegador mostrándose la cara virtual de sus frustradores de sueños, su mano temblorosa de felicidad carga en la jeringuilla el contenido putrefacto y decrépito de la vacuna contra la gripe A y percibiendo una satisfacción como pocas veces antes había sentido en su vida, dirige la jeringuilla al puerto USB del equipo e inyecta todo el contenido del líquido, mientras grita una y otra vez...¡he logrado hackearos!!!...¡no podréis conmigo!, ¡no me dejaré vencer tan fácilmente! y mientras la CPU echa chispas y humo negro, nuestro hombre sale corriendo a toda prisa del cyber perseguido por una manada de morenos con cara de pocos amigos...tras un maratón de media hora, cansado y fatigado y viendo que ya nadie lo sigue desacelera el paso mientras tropieza con algo que parece ser una piedra y que lo hace caer, pero que logra sorprenderlo cuando sujeto en su mano, lo que era una piedra no es otra cosa que un ojo de cristal que en la mente de El hombre del banco se convierte en la visión premonitoria de un deseo que ve posible alcanzar...

...Mirando fijamente la esfera cristalina, el hombre del banco, baja la voz y susurra...

...Oculoris....

..................................................................................

Espero que os haya gustado la historia de hoy y preparaos porque en unos días abrimos LA CAJA NEGRA II, os mantendremos informados. ;P

ÚLTIMA HORA: Y aprovechamos para agradeceros a todos vosotros la cifra de las 100.000 visitas que acabamos de superar hace tan sólo unos minutos y que no hubiera sido posible sin vuestra fidelidad. Un número que no hubieramos imaginado alcanzar ni de lejos cuando inaguramos hace menos de 2 años Calados Hasta los Versos. Así que gracias, millones de gracias a todos los que con vuestra presencia hacéis cada día de este espacio, uno más grande.

Besos increíbles.
Arwen

martes, 9 de marzo de 2010

SÓLO UNA CALADA MÁS: EL HOMBRE DEL BANCO ( La lista).

Muy buenos días, amigos, Calados y lectores:

Y mientras La noche de los fusiles continua viva, hoy os traigo por aquí en cuerpo y alma a nuestro adorado Hombre del Banco que sigue su andadura por la vida.

Un beso y que lo disfrutéis.

Arwen.

LA LISTA


La primavera no llega al parque de la Route, ya no cantan los pájaros y los únicas aves que se dejan ver son unos fulanos de tres al cuarto que amanecen después de la madrugada junto a un cartón de vino barato. Nuestro hombre todavía duerme, abatido por el cansancio de construir lo que pudo haber sido La Dolce Vita y sumergido plácidamente en el mundo onírico El Hombre del banco atraviesa la puerta de un gran hotel, adornado por cinco flamantes estrellas de cinco puntas con las que reconoce de inmediato hallarse en el firmamento, el conserje del cielo uniformado con chaqueta de botones, gorra y guantes blancos le hace una reverencia a su paso y extiende una mano gentil que nuestro hombre acepta inmediatamente y con la amabilidad que lo caracteriza lo abraza y lo estruja contra su propio cuerpo hasta que el pequeño hombrecillo custodiador sale corriendo despavorido en busca de más guardianes celestiales, seguramente para darle la bienvenida también...pero nuestro hombre no puede esperar a saludarlos a todos y atraído por una melodía de tintes divinos cruza con paso teatral el escenario de la inmensa sala contigua donde una hermosa joven sentada al piano acaricia las teclas del instrumento. Por un momento se asusta y cree haber muerto o de que otro modo puede estar levitando al escuchar tal maravilla, pero más se fascina cuando descubre que la belleza que tiene delante de él no es otra que la mujer que iba de la mano del otro y al momento unas lágrimas incontenibles de emoción asoman a sus ojos al encontrar frente a él a la mujer de su vida y lo mejor de todo...¡para él sólo!, así que sin pensárselo dos veces sube las escalinatas que lo conducen al instrumento, se inclina junto a ella, cierra los ojos para besarla y justo en ese preciso momento el resto de celadores celestiales lo agarran y se ponen muy pesados queriendo abrazarlo sin parar mientras se lo llevan de allí a rastras sin la menor oportunidad de dejarlo hablar con su amada...no obstante está feliz porque ya sabe donde encontrarla...camino a la recepción del lujoso hotel, el hombre del banco visualiza unos pasillos que llevan a distintas habitaciones e inminentemente queda conmovido por la imagen de una niña que llora porque sus padres han perdido la autoridad sobre ella. Cerca de ella un anciano lagrimea por la falta de respeto, en la puerta colindante una pareja solloza lagrimas de desamor y un largo sendero de puertas blancas apiladas unas frente a otras muestran a los diversos personajes llorando sin cesar por infinidad de motivos y es ahí cuando nuestro hombre del banco se da cuenta de que la gente tiene ya suficientes fundamentos para llorar por lo que rápidamente entiende que no necesitan Oculoris y con esto deshecha con premura su proyecto laboral. Y sintiendo el peso en él de una mano que lo zarandea sale por la puerta grande de aquel hotel celestial.

-Despierte buen hombre- le dice el barrendero local.

- Hola caballero, me había quedado dormido... ¡pero he tenido una visión,! ¡una maravillosa revelación!...y nuestro hombre sale a toda prisa haciendo piruetas y saltitos a lo largo y ancho del camino principal del parque de la Route mientras el barrendero masca chicle y sin quitarle un ojo de encima, lo mira con los ojos clavados y sin pestañear.

El hombre del banco rebusca entre los bolsillos de su pantalón y encuentra varias monedas con las que sin pensárselo dos veces se marcha a desayunar al bar de la esquina y mientras degusta un sabroso y caliente café con leche con croissant rememora los momentos soñados en el hotel celestial, mientrasen la televisión del local un informativo da la noticia de unos hackers que han sido cazados y puestos a disposición judicial por la creación de un virus informático en forma de troyano que ha desmantelado miles de ordenadores de distintos organismos públicos consiguiendo el acceso a las cuentas bancarias de un sinfín de usuarios y contemplando tan fascinante escena nuestro hombre decide que va a crear el mayor malware conocido por la humanidad con el que acechar a los hombres más poderosos y despreciables del planeta, comenzando por aquél Don Juan de los dientes blancos de la sucursal bancaria, en un negocio que le permitirá hacer realidad todos sus sueños y castigar a los depravados.

Arrastrado por la emoción de su recién estrenado proyecto, El Hombre del banco, añade al menú matinal un plato de huevos con patatas, unas bolsas de snacks y unas cuantas botellas de refrescos. Pero cuando llega el momento de pagar la cuenta el injusto ordenador manejado por un bigotudo con cara de pocos amigos, le dicta un importe que no puede pagar y a escobazos es sacado del abusivo lugar. Ya fuera, desenfunda una pequeña libreta y con el pulso templado anota en su lista de víctimas a las que hackear, al ordenador del bar de la esquina.

martes, 2 de febrero de 2010

El hombre del banco (II): Oculoris.

Muy buenos días de martes, amigos, Calados y lectores:

Cuando volvemos para darle Sólo una Calada más y os acerco un relato de mi puño y tecla que en esta ocasión nos lleva tras los pasos de el hombre del banco.

Saludos.
Arwen

Sentado en su trono público, el hombre del banco se cubre el rostro con las manos, tratando de contener un llanto que ya ha comenzado a asomar por sus insolentes y desafiantes retinas, todavía condecoradas por sus hazañas, y la primera gota de desazón no tarda en atravesar el meridiano del conducto lagrimal, resbalando por su mentón, cosquilleándole la mejilla para cruzar la hilera de botones que ajustan a la perfección una impoluta camisa blanca de Versace y deslizándose por ella consigue aterrizar en su rodilla izquierda, donde estalla y se funde con el negro del tejido del pantalón para transformarse sólo en una huella salina de manganeso y prolactina y justo en ese instante el hombre del banco se siente más humano que nunca, con la convicción de que es el único animal capaz de llorar y ese descubrimiento le gusta, le apasiona y lo ve todo claro, si él no le había mentido a aquella mujer desconocida que abrazaba a otro, si no había mirado a la dependienta de aquella pastelería ¿por qué lloraba?...y ahora lo sabía, lo sabía y le entusiasmaba...eso sólo podía ser filantropía...y más allá de ella, un toque de atención, un grito de auxilio amotinado, y junto a esto, amor, ese sustantivo del que tanto se habla y que todos ansían, el nombre inherente que colma films y llena hasta la saciedad las páginas de los libros,...estaba seguro, ¡él amaba delirantemente a la desconocida que iba de la mano de otro! y estaba dispuesto a perdonarle cualquier promiscuidad, cualquier flirteo, cualquier amante, ¡que mejor demostración de cariño que el perdón! y mientras elabora y disecciona esa realidad, el hombre del banco murmura - hoy mismo cerraré la agencia, mi vida cobra sentido, una certeza como la que sólo se puede tener una vez en la vida,- y dicho esto, el hombre del banco, enloquece de júbilo y se levanta, y ríe, y llora, y salta sobre su trono callejero, invitando a llorar al prójimo y desgañitándose en un hilarismo de felicidad circunstancial, comienza a gritar:

- ¡Estáis todos invitados a mi nuevo local!, Oculoris un lugar para llorar, ánforas repletas de cebollas a nuestra merced, disfrutando de un buen llanto colectivo, hasta el día en que llegue ella, traspasando el umbral translúcido que anuncia el lugar oscuro y apacible, repleto de ríos poderosos, de pasiones, de sollozos, de angustia contenida y la desconocida que va de la mano del otro se aproximará lentamente hacia la barra para encontrarme allí sirviendo los ramajes de una verdura indulgente entre lloriqueos infinitos..¡vamos todos a llorar!, sí, ¡a llorar!...

Mientras, una carcajada histérica se desparrama en su boca y complacido y satisfecho, el hombre del banco se desdibuja caminando entre aquel oasis irreal enmedio de la realidad más urbana, repitiéndose una y otra vez..."esta evidencia plena sólo se posee una vez en la vida"...

martes, 26 de enero de 2010

SÓLO UNA CALADA MÁS: El hombre del banco.

Muy buenos días amigos, Calados y lectores:

Es un placer regresar con todos vosotros un nuevo martes a las letras, y voy dándole Sólo una Calada más para acercaros hasta aquí un microrrelato de mi puño y tecla que en esta ocasión toma como protagonista, a El hombre del banco, un personaje peculiar, fruto de las Semillas de la Indolencia, al que tendremos ocasión de ver por aquí alguna que otra vez, en futuras Caladas, para conocerlo mejor y descubrir toda su ocurrente trayectoria...

Y desde hoy podréis seguir todas las Caladas que voy y que he ido dando en mi recién inagurado blog SÓLO UNA CALADA MÁS (http://solounacaladamas.blogspot.com), así como desde el espacio habilitado a tal fin que encontraréis en la sidebar de Calados, espero que os guste. Pero insisto en que SÓLO UNA CALADA MÁS, seguirá siendo sección fija todos los martes en Calados Hasta los Versos (guarida original de mi puño y tecla y hotel de mi recién estrenada habitación con vistas...)

Así pues, vamos con El Hombre del banco.

¡Que lo disfrutéis amigos!.



EL HOMBRE DEL BANCO

Mira hacia su interior, pero esta vez no encuentra nada, salvo los despojos de un cuerpo que ha decidido eximirse y perdonarse para siempre, acompañando a estos resquicios de humanidad un ojo con tintes violáceos lo trae de vuelta al presente haciéndole destacar en la mirada, unas venas rosadas y abultadas, a juego con los morados más in de la temporada invernal, fruto y víctimas del último puñetazo recibido, en su particular cruzada por alcanzar el amor. Pero el hombre del banco no se da por vencido y recordando que son las rebajas de enero, se lanza a buscar el verdadero amor, y así, ensimisado en sus pensamientos, se para frente a la cristalera impoluta de una destacada pastelería de la ciudad, que le devuelve renovada su propia imagen y en ella se detiene contemplando minuciosamente su centinela-ojo batallado frente al reflejo que le ofrece la vidriera, a través de ella se filtra la visión de unos deliciosos pasteles, pero absorto en su herida el hombre del banco no los percibe. Mientras pasa suavemente su dedo índice por el globo dañado, repasando el lagrimal, para continuar por las pestañas inferiores y bajando lentamente la mano por la mejilla, serpentea el tabique nasal y logra alcanzar sus labios carnosos y voluptuosos, ante la mirada atenta de la dependienta que no le quita el ojo de encima. De pronto descubre aquellos manjares que su conciencia castigada no le habían permitido ver hasta ahora y abriendo de par en par la boca, comienza a lamer intensamente, de arriba a abajo y de izquierda a derecha el ventanal en sentido circular, arrastrando lentamente su lengua cuan larga es por la inmaculada transparencia...la dependienta al darse cuenta de esto, comienza a lanzar gritos de socorro y de auxilio al tiempo que marcando rápidamente las teclas de su móvil denuncia que se trata de un depravado sexual...no tardan en escucharse las sirenas policiales y el hombre del banco presa de un terror que no alcanza a concebir porqué lo sucumbe, corre velozmente a pasos agigantados como alma a la que persigue el diablo, dispersándose por entre la espesura del parque más cercano...

Saludos veloces. ;)
Arwen