miércoles, 6 de marzo de 2013

TE DIJE QUE VOLVERIA............con nuevas querencias




Si pudiera ver a través de tus ojos,
miraría hacia el sol, pleno de tarde,
lloraría tus lagrimas frente al ocaso,
abarcaría el inmenso azul del mar.

Si pudiera sentir a través de tu piel,
rozaría la humedad de tus labios, 
salados como la arena que acaricias,
entreabiertos como la brisa en tu pelo.

Si pudiera albergarme en tu pecho,
sentiría la dicha en cada nuevo día,
renacería con brío en cada amanecer,
 con un corazón henchido de esperanza.

Si pudiera fundirme con tu sonrisa,
pintaría de blanco nácar mis nostalgias,
 alegraría con nueva luz la oscura playa,
musitaría enamorado el vaivén de la marea.

Si pudiera sentir y vivir tus emociones,
lloraría con dolor y rabia las ausencias,
amaría eternamente con la furia de las olas,
anhelaría voz en grito tu amor en la distancia.



martes, 5 de marzo de 2013

LA GATA SOBRE EL TECLADO. El amigo del alma




Había sido su mejor amigo, uno de esos amigos de los que llaman del alma. Habían compartido deberes escolares y primeras novias. Habían hecho novillos los viernes por la tarde y se habían emborrachado por primera vez, y no última, a los catorce años. Sin darse cuenta se habían convertido en hombres de pelo en pecho. Juan se había casado con Lourdes, una chica de la barriada, y Arturo se había ido a vivir con una señorita de clase alta, pero a éste último la alianza le había durado lo que un caramelo a la puerta de un colegio.


Juan destripaba sus recuerdos aquella tarde de finales de invierno mientras trabajaba el mármol. Era un artista y lo sabía, pero en aquel trabajo en concreto estaba poniendo especial interés. 
El mármol era travertino, de color amarillo oro, con unas vetas anaranjadas que le dotaban de luz propia. Las letras, plateadas, que últimamente se estilaban, y sin lugar a dudas, las tendencias de moda llegaban en estos tiempos de imagen hasta las mismas puertas del Paraíso. Fue colocando las consonantes y las vocales hasta concluir el nombre: Arturo de la Peña García. Perfecto. El texto estaba por ver, pero si algo tenía claro Juan es que no iba a escribir Descanse en paz. Desde luego no era la frase más apropiada dadas las circunstancias, porque malditas las ganas que tenía de que descansara en paz el muy cabrón. Más bien deseaba que la conciencia le atormentara más allá de la vida y le acompañara hasta las mismas entrañas del infierno. Mejor poner Tus seres queridos no te olvidan. Era una frase muy manida, pero se prestaba a cualquier interpretación. Tus seres queridos... -pensó Juan mientras hacía esfuerzos por sonreir-. ¿Y que pasa con los que un día te quisimos y luego traicionaste? Tampoco te vamos a olvidar aunque quisiéramos.

¿Cómo sería posible olvidar la traición, la mentira, la infamia? ¿Cómo olvidar aquella tarde de playa cuando los tres caminaban sobre la arena mojada, y Arturo miraba a Lourdes como si quisiera zamparsela de un bocado? ¿Cómo ignorar aquellas cenas compartidas en la terraza de casa en las que Juan sentía que sobraba tanto como el espantoso mantel de hule que cubría la mesa
Arrebatando terreno, escarbando como un topo musaraña, Arturo fue llegando al corazón, y un poco más tarde, al cuerpo moldeado de Lourdes. ¡Amigo del alma, joder! Y lo había sido en cierto sentido. Era siempre el que escuchaba, el que consolaba, el que acompañaba, el hombro sobre el que llorar, el paño de lágrimas. Y en la cercanía confiada, había ido destruyendo su relación desde dentro, como en una metástasis violenta que hubiese fagocitado cada uno de sus sentimientos. No debía torturarse con lo recuerdos, así que siguió pensando en el texto más adecuado. También podía escribir sobre aquella lápida anaranjada, Te recordaremos siempre, porque Juan estaba seguro de que lo recordaría cada minuto del resto de su vida, cada tarde, cada mañana, cada noche arrebatada. 
Sintió odio hacia sí mismo por no haberse dado cuenta antes de que el amigo del alma le había arrancado de su vida lo que él más quería, había invadido su territorio, había ocupado su cama. Con pasos quedos y sigilosos, como una pantera, Arturo había saltado sobre su presa para hacerla suya y había roto su horizonte de promesas de un inmenso zarpazo.
Observó su obra a cierta distancia. No podía estar quedando mejor. Luego puso la fecha de nacimiento y de defunción. A continuación, colocó una pequeña vasija igualmente de mármol, por si algún osado deseaba llevarle flores en un instante de desvarío. 
Se sentía tremendamente satisfecho. La lápida había quedado perfecta. Perfecta la armonía de colores, el cincelado de las letras, la composición del texto, el pulido de la piedra marmórea. Era un buen artista y el lo sabía.
Ahora sólo le faltaba matar a Arturo. 


lunes, 4 de marzo de 2013

35 MILÍMETROS: "PECERA"

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El corto que os presento hoy, viene que ni pintado en la época de "pánico" laboral que sufrimos, me recuerda a la "santa inquisición", cuando se denunciaban unos a otros vendiendo al prójimo y su alma  por miedo al inquisidor,  por miedo a ser los próximos en pasar a ser sus víctimas. Las víctimas de hoy sobreviven en una verdadera  jungla, donde las piezas de caza (trabajos) escasean, donde se exige y se prima la falta de escrúpulos, la eficacia agresiva, que no se detiene ante nada,  la maestría en la  intimidación y el engaño para mantener el bien preciado... .

"PECERA" de Carlos Bouvier. Galardonado por seis veces en distintos festivales y certámenes de Cortos.

"En una empresa de empleo temporal cualquiera, cada emplead@,, acristalado en su  "pecera", se esforzará en conseguir un objetivo,  sin imaginar, que ellos,  también pueden convertirse en parte del objetivo"


Calados, pasamos por una verdadera escasez de puestos de trabajo, y ante esta situación, hay que ser realistas y prudentes, pero sin perder la dignidad.

¡Salud y trabajo para todos!

sábado, 2 de marzo de 2013

FOTO POR TÍ_Lluvia de meteoros



Llueve afuera. Frio en la calle. El invierno en la ciudad era templado, pero el clima hace años que perdió el norte, no porque llueva hoy, sino porque cae la lluvia y ya era hora, pero el viento arrecia, y esto no es el Caribe en temporada de ciclones. Las gotas de agua golpean con fuerza los cristales que desgraciadamente limpié hace pocos días. Mientras escucho la radio me preparo sin pensar algo para comer. La mañana es larga, y si no voy a salir, vale la pena consumir un poco de tiempo preparando un pequeño tentempié que llevarme a la boca. El tiempo pasa más rápido.

Es el mismo de todas las mañanas, soy animal de costumbres. Un café con leche, con sus dos cucharillas de azúcar y sólo una de café soluble marca blanca, que estamos en paro. El ratio 2:1 va bien para casi todo. Lo digo por el azúcar y el café. Lo acompaño de dos rebanadas de pan tostado. Otra vez: 2 tostadas, 1 café con leche. Ya lo dije antes. No es que tueste el pan, es que lo saco tostado de su paquete. Se me está acabando el bote de mermelada de naranja amarga. La verdad es que me gusta, encuentro la combinación realmente interesante. Además, me recuerda a algo de mi pasado, qué se yo a qué me recuerda, pero es pasado seguro, y seguro que era un tiempo mejor. Sí, sí que lo fue sin duda. Tal vez por eso he vuelto a recuperar ese sabor de la mermelada de naranja amarga. Porque al mismo tiempo recupero un dulce recuerdo.

Su aspereza contrasta con la suavidad de la leche azucarada y hace que los sabores mezclados en el vaso se equilibren. Siempre se me rompen las tostadas al untar la mermelada. No sé si será porque también son de marca blanca. Y siempre acabo pringando con el cuchillo de untar el banco de la cocina. Lo limpio antes de empezar a saborearlo todo. Por extraño que parezca y en algún sentido, me sabe mejor que si el banco aún está pringoso.

El viento hace que en la ventana del cuarto, las ramas de un árbol golpeen de tanto en cuanto contra sus cristales. Hace tiempo que vengo pensando que está demasiado cerca de la fachada. Me disgusta. En verano, atrae insectos que entran en casa a través de la ventana abierta de par en par. Alguno de esos golpes me hace creer que algo ha caído, y voy a ver qué es. Falsa alarma. Así que ya que he hecho una pausa en mi desayuno y estoy aquí, aprovecho y cojo la cámara. Vuelvo ante mi café con leche a medio tomar y saboreo los últimos bocados de la última tostada, apuro el vaso y mientras tanto voy pensando en cómo haré esta foto. Tengo clara una cosa: lo que veo me gusta y me hace pensar y observar cómo es la vida, cómo es el tiempo, el de las nubes y el que pasa. Cómo algo tan pequeño, insignificante y delicado como una gota de agua, cae con esa vehemencia, con ese inexorable destino que es estamparse contra algo, y cómo con ese comportamiento kamikaze y brutal, forman un microcosmos de pequeños planetoides lenticulares, preñados de imágenes del mundo que los envuelve. Mientras, continúa al fondo la incesante arrivada de alocados meteoros en trayectoria de impacto inminente. Contra mis cristales limpios, es lo malo. Creo que merece la pena y tras el refrigerio, tomo la decisión de dedicar algo de tiempo, otro poco, a encontrar la manera de no olvidar nada de todo eso. También la manera de que lo veáis vosotros.

Será incluso para mí, una forma de volver a verlo cuando deje de llover. Mañana. Pasado mañana. 
Cualquier otro día en que espero luzca el sol.

viernes, 1 de marzo de 2013

EL GRAMÓFONO: NORAH JONES: "Turn Me On"


De nuevo Norah Jones, visita nuestro Gramófono del viernes. Es una de esas artistas eternas, capaces de emocionar con su voz y su estilo. 

Esta vez, para subir un poco las gélidas temperaturas de esta semana, nos canta con su cálida voz un tema con bastantes años de vida "Turn Me On" que Norah interpreta con una voz joven y sugerente, plena de cálida sensualidad, cantando casi como si desvelara algún íntimo secreto. Una  magistral delicadeza acompañada de unas sugerentes imágenes.





A más de un@ se le ha ido el frío, ¿A que si?

¡Buen fin de semana Calados!