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miércoles, 15 de abril de 2015

CONDUCTORAS SUICIDAS. CROCHET AL VOLANTE.




Perdonadme este tiempo de ausencias, pero mirad en que estaba endredada y nunca mejor dicho. Me explico:

El otro día se me ocurrió montar en bici con una larga y vuelosa falda, es lo que tiene la llegada del buen tiempo y no creer en el mito que hay que ir en bicicleta necesariamente en pantalones.


En el viaje de ida al trabajo todo discurrió sin novedad, aunque mi llegada fue de lo más atípico a una ciclista al uso, más bien era similar a una imagen de Vacaciones en Roma en dos ruedas sin motor y sin Gregory Peck o varón que se le parezca. Me basto yo solita para liarla o llegar con la precisión de un reloj suizo.

Durante toda la ajeteadra mañana mi falda se balanceó por toda la oficina como los largos y románticos tutús franceses coreografiando diplomáticas gestiones.
En el viaje de vuelta a casa soplaba una más que suave brisa que refrescaba el calorcillo del mediodía y que le daba a mi falda un simpático movimiento que no tuvo la menor gracia, ya que se me metió un extremo por la rueda trasera y se enganchó entre las zapatas de los frenos. Sentía yo que no conseguía acelerar con el pedaleo y al bajar del sillín me encontré a una mujer a una bicicleta endredada.  Literalmente ¡Ahora si que la había liado!


Ahora entenderéis todo mi esfuerzo. Por fín lo he terminado. He seguido a pié juntillas un calculado patrón con la técnica aprendida y dominada del crochet. Un movimiento de mi instrumento,  mi ganchillo, viajando por un concertado baile de nudos, cadenetas, vueltas y revueltas en acertada disposición, pasando del rojo al verde, volviendo por el amarillo y acabando con el azul.
Esta obra me salva de enganchones inoportunos y nos hace la vista más agradable, dándole color a la ciudad y a nuestros ojos.

Siguiendo esa misma inercia, continuo hilvanando ideas y me pregunto si no sería conveniente introducir unas clases de ganchillo o tricot en las escuelas de conducción para aprender a seguir unas normas escritas, dibujadas y concertadas entre todos para ensartar cada uno de nuestros movimientos en cada hueco de la telaraña de la vida. El mejor y más grande mosaico que el tiempo se encarga de ir tejiendo.

Mucho ojo para no liarnos ni endredarnos con las madejas.

Estos conductores son unos verdaderos artistas.


RUSH HOUR from Black Sheep Films on Vimeo.

Conducir es aprender a sincronizarse con los demás.

Queridos Calados y Lectores no deis puntada sin hilo.

Besos de las Gemelas del Sur.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

CONDUCTORAS SUICIDAS. BICICLETA VERDE


Como todos los veranos, mi contacto con la bicicleta y la naturaleza es en grado superlativo, me metamorfoseo durante mis vacaciones como esta mantis religiosa, sin haberme comido todavía a mi chico y sin haberme faltado las ganas, en una simbiosis perfecta entre máquina, cuerpo y monte mediterráneo.

Sin horario ni calendario, sin más reloj que el de mi tripa, sin más tecnicismos que una buena leña y su brasa, sin más aire que el de la brisa que sube del horizonte del mar o del bombín para inflar las ruedas de la bici y el superrefrescante vientecillo en la cara de velocidad bajando la pendiente de esa loma, ni más agua que el de la balsa de riego donde refrescarme y la del botijo para beber. La simple y sencilla austeridad que te proporciona la naturaleza y la que tus fuerzas pueden sostener y aguantar en su pulso.

Pero este verano siento que he traicionado ese espíritu verde, solo un poquito, porque mis fuerzas no están en el punto máximo y hemos pedido una ayudita a la tecnología para seguirle el ritmo a la naturaleza. Me he agenciado un nuevo aliado, un superheroe del pedaleo, una bicicleta eléctrica. Ese padre que nos empujaba en nuestro pedaleo cuando estábamos aprendiendo a guardar el equilibrio, tal cual es lo que sientes cuando a cada golpe de pedal se conecta el motorcillo y te ayuda en tu fatiga, lo que se le llama pedaleo asistido.

El punto justo de tecnología sin perder ese sostenible color verde de esa bicicleta puntera, en perfecta simbiosis con la naturaleza, respetándola y no fagocitando sus recursos. La tecnología sin convertirse en un parásito depredador ahogando al huesped.

Iniciativas existen en ese sentido. Tenemos el plan Pima Aire que ha lanzado el gobierno para promocionar el uso de vehículos eléctricos que no he dejado escapar y me ha dado el empujón que me faltaba para comprar la bicicleta, unos 200 eurillos de ahorro. Os dejo el enlace para ampliar información, pinchando en su título.

También iniciativas privadas que velan por la sostenibilidad y además unidas a proyectos solidarios con la comunidad. Este es el caso de una empresa de Zambia , Zambiques, que fabrica bicicletas con el cuadro hecho de bambú, abundante en la zona, casi como una mala hierba y aprovechado con la ayuda de un proceso técnico innovador que está mejorando el transporte de los zambianos e incluso exportando el producto internacionalmente. No os perdáis el artículo de prensa, pinchando el enlace.

Pensando y actuando en verde. Impulsando un sistema alternativo de transporte, resucitando y redescubriendo a este antiguo invento de dos ruedas.

Besos de clorofila, queridos Calados y lectores.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

CONDUCTORAS SUICIDAS. ENERGÍA PROPIA


Imagen tomada de www.caminantedigital.es de María Pérez


He soltado lastre, me he desembarazado de un equipaje que permanentemente llevaba encima, por fín he sido capaz, y tras experimentar esa ligereza, no me puedo explicar cómo no me dí cuenta antes de la necesidad de liberar a mi cuerpo, castigado a soportar encima un sobrepeso que llevaba hasta que mis piernas dieron la alarma con sordos quejidos y algún que otro crujido.

Eficiencia energética. Me transporto con menos esfuerzo y se consigue mantener una tonicidad que te pide no renunciar al movimiento, a desearlo, a estar satisfecha de tu propio cansancio al que encuentras más tarde de lo habitual y a olvidarte de la desgana que te provocaba tiempo atrás.

Así  pues, este verano he explotado mi propia energía, he retrocedido unos cuanto años atrás, he vuelto a las antiguas usanzas, un tanto, a algunas costumbres vintage en un agradable ambiente rural.

Gestión generosa del esfuerzo. Gastar la energía para sentir que nuestras necesidades y deseos tienen un costo y comprobar que el esfuerzo físico retroalimenta a la mente, que el cansancio es tremendamente sano.

He sacudido a fuerza de golpes los colchones que han dormido todo el invierno encima de sus somieres, sin aspiradora que valga, el polvo se lo llevó el viento que se paseaba por la terraza.

Limpiar la piscina, o más bien la balsa, sin máquina de hidropresión, con los cepillos de toda la vida, a quitar los bichos ahogados con la red barredera sencilla y artesanal, porque no existe la depuradora que además nos obligó a vaciar un par de veces su volumen.

La excepción, la lavadora, no renuncio a ella por nada del mundo, ahora bien, había que llevar la ropa al tendedero subiendo un repechón desde el garaje al otro lado de la casa y nada de dejar caer la ropa sobre los hilos, pues estaban a cierta altura para que las sábanas no tocaran el suelo.  Era agradable sentir el abrazo mojado de la ropa al viento, acariciar su piel para borrar sus frescas arrugas. Ni un recuerdo para la secadora.

Por la noche sacábamos a pulso la antigua televisión a la terraza y luego otra vez a su lugar, como al niño pequeño que se ha quedado dormido.

Resucitar a la vieja bicicleta para volver a sentir el pedaleo de mi niñez, para comprobar que todavía soy capaz de recorrer los caminos que casi había olvidado.  Abandonar el coche e irme a comprar con mis alforjas colgando de mi bici y adentrarme por las callejas del pueblo de tienda en tienda, al mercado ambulante para volver a regatear,  parlotear con su gente y escuchar historias miles.
Sorprenderme que este pueblo estuviera preparado para aparcar mi bici con su artilugio y conseguir atarla por si las moscas y sentirme arropada, porque no era la única que amaba ser ciclista, la que sentía esa solidaridad, esa complicidad entre nosotros. 
Llegaba a sentir que era un pseudopeatón que rodaba un poco más rápido que caminando, que podía saludar al que se cruzara conmigo, porque le veía la cara, porque veía reir sus ojos, su boca y recibir su saludo. 
Al final del viaje podía sentir como la corriente de energía había discurrido por mi cuerpo y electrificado mis piernas, una agridulce sensación, una liberación de tensiones que alcanzaba a llegar a mi mente, sacudiendo sus telerañas y su polvo adormecido.
Estoy segura que algún beneficio más me habrá aportado del que no soy consciente, porque las posibilidades de la bicicleta combinadas con nuestra energía son muchas.
Vean, vean Queridos Calados y lectores y sorpréndanse.


Así que aquí la tengo, en la ciudad, me le llevé con mi equipaje.  No se si encajará tan bien como en el campo, si el día a día sujeto a las prisas, a las máquinas y la técnología punta dejará que saboree por un breve momento, la libertad del verano.
De momento nos recibe bien la semana de la movilidad que se está celebrando en muchas ciudades, haciendo un hueco cada vez más grande a la bicicleta y también al caminante, energía vital, saludable, respetuosa con tu entorno y tu propia energía.

Queridos Calados y lectores, que la fuerza y la energía os brote de vuestro cuerpo para seguir adelante durante todo el año.

Las Gemelas del Sur.

sábado, 7 de septiembre de 2013

FOTO POR TÍ_Cuando llega septiembre




Cuando acaba el verano septiembre nos sorprende casi con talante amenazador.
Muchas cosas pasan todos los septiembres. Mes de despedidas y de finales. De adioses a los caminos que llevan a la playa o a los senderos que recorremos en bicicleta. De cajas, bolsas, armarios y puertas que cerramos. Pero a la vez, mes de comienzos, reencuentros, proyectos. De reabrir esas mismas puertas de siempre. De andar los caminos y saludar de nuevo los rincones que acompañan nuestro día a día. Demasiados tópicos de esta sociedad nuestra, tantos que hasta el desempleo se ha convertido en un triste tópico para demasiados. No mencionaré más tópicos que por otra parte, sabido es que todos compartimos. Os cuento ahora por qué hice esta foto y lo que pensé al mirar esa puerta entreabierta.

Caminaba por una calle del pueblo cuando giré la cabeza, molesto por el sol que ya se iba a dormir. La vi ahí, tímida, agazapada, yo creo que temerosa por su encierro. Su naranja chillón brillaba con fuerza golpeado por los rayos del sol poniente. Eso me parecía a mí y os resultará increíble, pero lo que sentí al verla fue que aquella bicicleta encerrada, en esa tarde de finales de agosto, lloraba. Ya se sabe que las bicicletas son para el verano y mucho me temo que sería el caso de esta... Creedme si os digo que la oí gemir.

Aprovecho para comentar que hay novedades en el blog. Nada que nos aleje de la esencia, sólo unos pequeños ajustes para poder paladear más tiempo las cosas. Notaréis ligeros cambios en los días en que se publican las secciones, atentos al nuevo ritmo de las mismas y en breve estamos ya todos abriendo, de nuevo, otras puertas, otros armarios, otros rincones calados.
Un saludo y mis deseos de que el curso nos depare muchas cosas que celebrar y muy pocas que lamentar.

jueves, 27 de junio de 2013

CONDUCTORAS SUICIDAS. CICLOSENSACIONES



Por fin he rescatado mi bicicleta del atasco en el tiempo, preparada para reaparecer en mi vida, para llevarme por caminos que aparecen desde otra perspectiva pareciéndome otros y empeñada en no perecer en el intento como principal premisa.
Reconozco que soy como una conductora novel, hace mucho tiempo que no cojo una bicicleta, más o menos desde los 18 años, estoy desentrenada y es verdad, necesito activar esa habilidad del equilibrio dormido en el recuerdo desde entonces, porque ir en bicicleta no se olvida, solo se oxida un poco, así que un poco de tres en uno y a rodar.
He encontrado el mejor circuito natural de pruebas, la via verde de ojos negros, paralela a la antigua vía minera, desde Barracas hasta Segorbe, agradable por su suave pendiente que la hace muy llevadera para los poco entrenados. Te dejas deslizar prácticamente por ella, pidiéndote solo un suave pedaleo.

Al principio titubeas, empiezas a coger confianza con tu desconocida bicicleta, hasta que atas un pedaleo con otro, recobras el equilibrio inestable llegando a coger un poco de velocidad y te tragas el miedo de caer y el recuerdo del gran batacazo que sufristes hace ya...y como ese error está grabado allí en la memoria te prepara para ser prudente. 
Comienzas a calcular las distancias, los huecos por donde pasar, cuando de repente te encuentras unas picas en medio del camino que hacen que los coches no se les ocurra meterse por allí, pero tu si que cabes, aunque no lo parezca y creas que te vas a tragar alguna. Apretas los músculos y pasas, vaya que si pasas. Prueba superada y te vas arriba, pero llega la entrada a un túnel y pasas de una claridad absoluta a un negro tizón sin iluminación alguna, no tienes más remedio que confiar en tu intuición y en tus pupilas que se contraigan lo más pronto posible para poder ver algún hilillo de luz que te guíe, hasta llegar a ver la luz al final de ese agujero (según nos dicen así se sale de la crisis) y yo salí. ¡¡¡Se puede!!!
Hasta superas la atracción fatal del barranco que tienes al borde del camino, siguiendo el lado seguro y la vista al frente.
Y llega un momento en que eres capaz de soltar una mano del manillar y seguir controlando para atender esa  nariz que me pica, esa cremallera que tengo que subir, ese trago de agua que necesito...

De las rodillas me niego a hablar, pero de las articulaciones de las manos y dedos tengo que acordarme, son muy sufridas de tantas tensiones para poder frenar a tiempo y dejar la vital distancia de seguridad con el de delante, apretar y soltar y además manejar el cambio de marchas, toda una coreografía de dedos de pianista.

He sufrido todo tipo de vibraciones con el traqueteo de mi bici soportando toda clase de baches, arena, barro y gravilla (muy traicionera por cierto). Mi cuerpo va a quedar muy tonificado al acabar el camino. 
Al poco de llegar al final, me encontraba con mi máquina como una unidad solo, ella y  yo en perfecta simbiosis. ¡Genial! estaba preparada para abordar la circulación en las calles de mi ciudad, me sentía preparada. Llegó el momento de separarnos y subirla al portabicis del coche, se acabó la excursión y empezaron los consabidos y olvidados dolores. La tirantez de los músculos de las piernas y esa molesta sensación en la parte noble que descansa sobre el sillín. ¡Dios mío! me duró por lo menos 3 días. Tengo que buscar en el mercado alguno más acolchado y ergonómico, ¿o también es cuestión de entrenar más?

¿No sé si atreverme a preguntárselo a esta experimentada ciclista?


Queridos Calados y Lectores, recordad, las bicicletas son para el verano.

Besos de las Gemelas del Sur.

jueves, 30 de mayo de 2013

CONDUCTORAS SUICIDAS. AL RESCATE DE LA BICI


Cuando me cruzo con el montón de bicicletas que ya recorren la ciudad, cuando observo el pedalear tan variado en ritmo y de particular estilo en los ciclistas amateurs, cotidianos u ocasionales, pienso que la energía del Sol es el artífice de ese empuje. Energía limpia que encerrada en los sabrosos alimentos que tomamos se transforma en esfuerzo, en vitalidad. La caldera de nuestro cuerpo la transforma y fluye a través de los pedales y de la cadena de transmisión a esas ruedas, a ese invento que revolucionó el transporte y nuestra civilización.

Me lo he propuesto, por el momento es una firme idea, quiero rescatar a mi bicicleta. Esa bicicleta de la infancia que dejé abandonada un verano en el monte, porque no volví a veranear como en aquella época, salté a otra etapa de la vida adulta, me saqué el carnet de conducir. 
He vuelto a su rescate, pero dado el estado en que se encuentra, creo que se impone comprar una nueva. 

El árbol entendió que se la ofrecía apoyada en su tronco y la hizo suya, la integró en su vida. Lo que no sabía era que las bicicletas no están hechas para los árboles y nunca se llevará bien con sus raíces.

¡Bicicleta nueva! no, no, esta puñetera crisis me ha obligado a comprarme una de segunda mano y hasta que me he decidido con el buen tiempo a despertarla de su letargo invernal, me encuentro con la sorpresa que las ruedas están más que desinfladas. Suerte que tengo mi aparato inflador que me ha proporcionado una sesión de gimnasio en toda regla, con la subida y bajada del embolo durante media hora hasta convencerme que las ruedas están estropeadas y la cámara más agrietada que los talones de mis pies en verano.
Saco mi libreta y apunto. Comprar dos cámaras para las ruedas y las palancas para cambiarlas. Cambiar la luz roja trasera que se ha roto al traqueteo de la inflada y a mi mala leche. El aceite para engrasar la cadena y ¿si se lo pido prestado al vecino? 

Que no se me olvide un candado para que no me la roben, aunque estoy pensando también hacerme un seguro de robo y además de accidentes y responsabilidad civil, no sea cosa que atropelle a alguien que son muchos años sin practicar y aún estoy torpona. Estoy pensando y ¿si me ahorro la parte del seguro de robo?, no sé si me saldrá a cuenta. Eso si encuentro algún artilugio para encadenarla, pues no valen los árboles ni otro mobiliario urbano que no sea una barra aparcabicis y escasean como los rebollones.

Voy a intentar convencer a mi jefe para que habilite un espacio en la oficina que sirva de parking bicicletero con el mensaje que será el inicio de un plan de mobilidad sostenible para la empresa. Ahorraremos en transporte y llegaremos espabilados, aunque seguro que el piensa que llegaremos ya cansados, sin embargo la escusa del atasco no será válida ya.

Se me olvidaba, aunque no sé si ponerlo aún en la lista, EL CASCO. Pero este complemento merece una entrada más extensa, porque la polémica está servida.

Sea como sea, preparado el material y elegido el destino, allá voy. Las visicitudes del camino las sortearemos. Porque llegar llego, vamos!

Lightning Larry from Lightning Larry on Vimeo.

Besos redondos, queridos Calados y Lectores.

Las Gemelas del Sur.