Perdonadme este tiempo de ausencias, pero mirad en que estaba endredada y nunca mejor dicho. Me explico:
El otro día se me ocurrió montar en bici con una larga y vuelosa falda, es lo que tiene la llegada del buen tiempo y no creer en el mito que hay que ir en bicicleta necesariamente en pantalones.
En el viaje de ida al trabajo todo discurrió sin novedad, aunque mi llegada fue de lo más atípico a una ciclista al uso, más bien era similar a una imagen de Vacaciones en Roma en dos ruedas sin motor y sin Gregory Peck o varón que se le parezca. Me basto yo solita para liarla o llegar con la precisión de un reloj suizo.
Durante toda la ajeteadra mañana mi falda se balanceó por toda la oficina como los largos y románticos tutús franceses coreografiando diplomáticas gestiones.
En el viaje de vuelta a casa soplaba una más que suave brisa que refrescaba el calorcillo del mediodía y que le daba a mi falda un simpático movimiento que no tuvo la menor gracia, ya que se me metió un extremo por la rueda trasera y se enganchó entre las zapatas de los frenos. Sentía yo que no conseguía acelerar con el pedaleo y al bajar del sillín me encontré a una mujer a una bicicleta endredada. Literalmente ¡Ahora si que la había liado!
Ahora entenderéis todo mi esfuerzo. Por fín lo he terminado. He seguido a pié juntillas un calculado patrón con la técnica aprendida y dominada del crochet. Un movimiento de mi instrumento, mi ganchillo, viajando por un concertado baile de nudos, cadenetas, vueltas y revueltas en acertada disposición, pasando del rojo al verde, volviendo por el amarillo y acabando con el azul.
Esta obra me salva de enganchones inoportunos y nos hace la vista más agradable, dándole color a la ciudad y a nuestros ojos.
Siguiendo esa misma inercia, continuo hilvanando ideas y me pregunto si no sería conveniente introducir unas clases de ganchillo o tricot en las escuelas de conducción para aprender a seguir unas normas escritas, dibujadas y concertadas entre todos para ensartar cada uno de nuestros movimientos en cada hueco de la telaraña de la vida. El mejor y más grande mosaico que el tiempo se encarga de ir tejiendo.
Mucho ojo para no liarnos ni endredarnos con las madejas.
Estos conductores son unos verdaderos artistas.
RUSH HOUR from Black Sheep Films on Vimeo.
Conducir es aprender a sincronizarse con los demás.
Queridos Calados y Lectores no deis puntada sin hilo.
Besos de las Gemelas del Sur.







