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Imagen tomada de www.caminantedigital.es de María Pérez |
He soltado lastre, me he desembarazado de un equipaje que
permanentemente llevaba encima, por fín he sido capaz, y tras experimentar esa
ligereza, no me puedo explicar cómo no me dí cuenta antes de la necesidad de liberar
a mi cuerpo, castigado a soportar encima un sobrepeso que llevaba hasta que mis
piernas dieron la alarma con sordos quejidos y algún que otro crujido.
Eficiencia energética. Me transporto con menos esfuerzo y se
consigue mantener una tonicidad que te pide no renunciar al movimiento, a
desearlo, a estar satisfecha de tu propio cansancio al que encuentras más tarde
de lo habitual y a olvidarte de la desgana que te provocaba tiempo atrás.
Así pues, este verano
he explotado mi propia energía, he retrocedido unos cuanto años atrás, he
vuelto a las antiguas usanzas, un tanto, a algunas costumbres vintage en un
agradable ambiente rural.
Gestión generosa del esfuerzo. Gastar la energía para sentir que nuestras necesidades y deseos tienen un costo y comprobar que el esfuerzo físico retroalimenta a la mente, que el cansancio es tremendamente sano.
Gestión generosa del esfuerzo. Gastar la energía para sentir que nuestras necesidades y deseos tienen un costo y comprobar que el esfuerzo físico retroalimenta a la mente, que el cansancio es tremendamente sano.
He sacudido a fuerza de golpes los colchones que han dormido
todo el invierno encima de sus somieres, sin aspiradora que valga, el polvo se
lo llevó el viento que se paseaba por la terraza.
Limpiar la piscina, o más bien la balsa, sin máquina de
hidropresión, con los cepillos de toda la vida, a quitar los bichos ahogados
con la red barredera sencilla y artesanal, porque no existe la depuradora que además
nos obligó a vaciar un par de veces su volumen.
La excepción, la lavadora, no renuncio a ella por nada del
mundo, ahora bien, había que llevar la ropa al tendedero subiendo un repechón
desde el garaje al otro lado de la casa y nada de dejar caer la ropa sobre los
hilos, pues estaban a cierta altura para que las sábanas no tocaran el suelo. Era agradable sentir el abrazo mojado de la
ropa al viento, acariciar su piel para borrar sus frescas arrugas. Ni un
recuerdo para la secadora.
Por la noche sacábamos a pulso la antigua televisión a la
terraza y luego otra vez a su lugar, como al niño pequeño que se ha quedado
dormido.
Resucitar a la vieja bicicleta para volver a sentir el
pedaleo de mi niñez, para comprobar que todavía soy capaz de recorrer los
caminos que casi había olvidado. Abandonar el coche e irme a comprar con mis
alforjas colgando de mi bici y adentrarme por las callejas del pueblo de tienda
en tienda, al mercado ambulante para volver a regatear, parlotear con su gente y escuchar historias
miles.
Sorprenderme que este pueblo estuviera preparado para aparcar mi bici con su artilugio y conseguir atarla por si las moscas y sentirme arropada, porque no era la única que amaba ser ciclista, la que sentía esa solidaridad, esa complicidad entre nosotros.
Sorprenderme que este pueblo estuviera preparado para aparcar mi bici con su artilugio y conseguir atarla por si las moscas y sentirme arropada, porque no era la única que amaba ser ciclista, la que sentía esa solidaridad, esa complicidad entre nosotros.
Llegaba a sentir que era un pseudopeatón que
rodaba un poco más rápido que caminando, que podía saludar al que se cruzara conmigo, porque
le veía la cara, porque veía reir sus ojos, su boca y recibir su saludo.
Al
final del viaje podía sentir como la corriente de energía había discurrido por
mi cuerpo y electrificado mis piernas, una agridulce sensación, una liberación
de tensiones que alcanzaba a llegar a mi mente, sacudiendo sus telerañas y su
polvo adormecido.
Estoy segura que algún beneficio más me habrá aportado del
que no soy consciente, porque las posibilidades de la bicicleta combinadas con
nuestra energía son muchas.
Vean, vean Queridos Calados y lectores y sorpréndanse.
Así que aquí la tengo, en la ciudad, me le llevé con mi equipaje. No se si encajará tan bien como en el campo, si el día a día sujeto a las prisas, a las máquinas y la técnología punta dejará que saboree por un breve momento, la libertad del verano.
De momento nos recibe bien la semana de la movilidad que se está celebrando en muchas ciudades, haciendo un hueco cada vez más grande a la bicicleta y también al caminante, energía vital, saludable, respetuosa con tu entorno y tu propia energía.
De momento nos recibe bien la semana de la movilidad que se está celebrando en muchas ciudades, haciendo un hueco cada vez más grande a la bicicleta y también al caminante, energía vital, saludable, respetuosa con tu entorno y tu propia energía.
Queridos Calados y lectores, que la fuerza y la energía os brote de vuestro cuerpo para seguir adelante durante todo el año.
Las Gemelas del Sur.
Las Gemelas del Sur.
Excelente. Pues te diré que hace tiempo que no voy en bici, caminar todo lo que quieras, incluso correr, pero nunca me ha dicho demasiado eso del pedal. Ya cuando mi padre me compró mi primera bici no le acabé de pillar el gusto, bueno, como no fuera el ir con la pandillita en verano al más puro estilo "verano azul", porque era así...un montón de críos en bici y de aquí para allá.
ResponderEliminarY luego, subiendo al Desierto de las palmas (en bici), un coche estuvo a punto de enviarme barranco a bajo. Dirás que le pillé cierto respeto. Y alguna vez la pillé para ir al curro, pero eso de llegar medio sudado tampoco me convencía del todo.
Un beso
Así es, Valaf, esos mismos caminos de mi "verano verde" disfrutado con mis primos/as los he vuelto a recorrer, ahora con mis hijos y sus amigos, eso me ha hecho rejuvenecer sin duda y la diferencia generacional solo se ha notado en que me tenía que bajar de la bici en las subiditas, bueno, bueno solo me faltaba un poco de entrenamiento más eh!!! y hacerme con las marchas (tecnología nueva para mí).
EliminarPor suerte los coches han sido respetuosos conmigo, aunque el peligro siempre está de encontrarte un desalmado y estrecho de miras que no respeta al ciclista mucho más vulnerable. Nos falta más cultura de la bicicleta y ser muchos más convencidos de esa convivencia.
La cuestión del sudor, estoy contigo, voy a probar en otoño-invierno por si es más llevadero, sino me llevo ropa de cambio y a currar.
Ánimo, Valaf, únete a esta causa tan saludable y económica.
La Vida es hermosa, verdad. Gracias por recordárnoslo. Un abrazo.
ResponderEliminarJose Maria, en vacaciones, sin horario, sin calendario, sin programa impuesto, y sintiendo esa energía saludable que te empuja a disfrutar y sentir, es todavía más bella.
EliminarBesos de bienvenida.
¿Que pasó que se me extravio el enlace de este blog? esas cosas que no se explican allá voy a enlazar de nuevo,con razón no actualizaba,perdón y gracias por llegar a casa,abrazotes mial.
ResponderEliminarLo importante es nuestro reencuentro, Fiaris, disfruta de nuestro Territorio Calado, ya lo conoces. Con el tiempo se han incorporado nuevos Calados dispuestos a deleitarnos con cientos de historias, estás invitada a disfrutarlas.
EliminarBesos y besos, amiga.
La tecnología nos libera, y sin embargo, hay tantas veces que es tan reconfortante librarse de ella un rato...
ResponderEliminarUn abrazo!
Sobre todo porque muchas veces nos esclaviza, nos hace demasiado dependientes y olvidamos el valor de nuestro propio esfuerzo en beneficio nuestro.
EliminarBesos, Ehse.
Me voy a por la bici.
ResponderEliminarAhora mismo.
Besos.
Voy a por la mía y te invito a un paseo. ¿Dónde quedamos, Toro?
EliminarBesos redondos.
La bicicleta para reflexionar.
ResponderEliminarUsar nuestra propia energía.
Fabricar la propia electricidad,
el sol es gratis
pero la factura de la luz no.
¿A quién interesa?
Un saludo.
Una dependencia energética de la electricidad unida al progreso y bienestar, pero que nos pasa factura el negocio de las electricas. No parece que prospere liberarse en parte y generar nosotros una parte de esa energía de manera alternativa (solar en el tejado de casa, por ejemplo) o ahorrarnosla con nuestro propio ejercicio físico, (caminar, pedalear) en esto último algo está cambiando.
EliminarNo crees que a veces somos un poco derrochadores? (llegamos a ir hasta la puerta del gimnasio en coche)
Saludos Calados John y bienvenido a este Territorio. Nos leemos.
La cantidad de cosas que se pueden llegar a hacer sin ser consciente de ello. ¡Y todo por una bicicleta! ¡La tecnología avanza, pero no deja esos recuerdos entrañables en los que tú eras la protagonista.
ResponderEliminar¡Sé lo que hiciste el último verano!
Abrazos mil!!
Un mecanismo relativamente simple ha hecho remover mis propios engranajes oxidados en mi cuerpo y mente. La tecnología avanza y nos entierra en el olvido mecanismos más sencillos, más naturales que han quedado en desuso. ¿Qué nos estamos perdiendo?
EliminarEncantada de haber compartido vivencias de este ya añorado verano.
Besos, Marinela.
Con bici no te acompaño, no se lo cuentes a nadie, pero de pequeña no aprendí bien y ya de mayor da pereza ponerse, pero andando lo que quieras, y si es por el campo, la montaña o la playa hasta el infinito o hasta donde el cuerpo aguante. ¡Qué distinto ese cansancio al producido por ir corriendo a todas partes sin apenas mover las piernas!
ResponderEliminarBesos
Jara, no me digas más, me bajo de la bici y te acompaño en ese paseo hasta donde quieras o podemos probar con un tandem y pedaleamos las dos al compás y te entrenas conmigo para aprender sola más adelante.
EliminarEstoy convencida, el cansancio mental por el estres y las prisas de alguna manera podría tener una válvula de escape a través del ejercicio y esfuerzo en desplazarte hasta llegar a destino, cuerpo y mente están conectados.
Besos corredores, Jara.
Qué maravilla de descripción. Estabas inspirada y mucho, sin duda. He visto la ropa bailar al viento en la terraza, te he visto pedalear por el pueblo, limpiar la balsa y seguramente hacer la paella. ¿Secadora? La ropa siempre al viento y el sol,m que por aquí nos sobra. Magnífico. Yo también le doy a la bici.
ResponderEliminarAmparo, este verano ha sido distinto, inspirador, liberador (mis hijos no han llevado asignaturas pendientes) que nos ha permitido ir sin programa, rompiendo con las obligaciones, con las dependencias, volviendo a lo primitivo. Es verdad, una paella a leña, oliendo a humo aromatizado, tiznándote las manos, sabe a la esencia propia de la humanidad y de tu tierra.
EliminarVamos a por la bici y a por la paella, jajaja!!!
Besos gatunos.
Libertad y autonomía, independencia y rapidez. Salud y ejercicio.
ResponderEliminarEn una ciudad como la nuestra, moverse en bicicleta es un placer. Lo malo es bajarla por una escalera como la mía, y peor aún subirla a la vuelta...
Muy bueno el ascensor-bicicleta.
Un abrazo!
Genial, Emilio, has hecho una sintesis de la naturaleza de la bicicleta acertadísima.
EliminarTienes toda la razón, el escaso espacio en la ciudad (el asfalto está carísimo) hace difícil buscarle un hueco cómodo que conecte sin penurias con la calle. No te cuento las maniobras que debo hacer para encajar la bicicleta en el hueco del ascensor, si no fuera por los 8 pisos, subía por la escaleras con la bici. Estoy pensando buscarme una casita en un árbol desde que ví el vídeo.
De todos modos, no está mal la opción de las bicis que ofrece el ayuntamiento en alquiler con económicos bonos, nuestro Valenbici, sin ir más lejos, con sus pros y contras.
Besos y besos.
Hola, Gemelas.
ResponderEliminarMe ha encantado. Olvidarse de las máquinas casi por completo para llamar a nuestras neuronas adormecidas por las prisas y la contaminación. Es un buen ejercicio físico y mental esa toma de contacto con los pedales y las tareas cotidianas a la vieja usanza. Como contrapunto no está nada mal. Yo tengo que conformarme con darle a la bici estática diez minutillos al día.
Curiosísimo el video.;)
Un par de besos.
Esas prisas que nos abocan a un estrés por acortar tiempos, por eliminar esfuerzos, nos intoxica la mente y merma nuestra salud. Nos impide saborear la vida y nos la tragamos a cucharones.
ResponderEliminarYa estoy añorando recrearme en el proceso pausado y sencillo de lo cotidiano, de lo natural, me veo empujada como en el metro en hora punta.
Ay!! lo que te pierdes con esa bici estática. No renuncies a conquistar el espacio, a tu libertad de movimiento. Una ventana abierta para mantener la vista más allá de las paredes de casa puede ser una compensación en la marcha sobre esa bicicleta estática. Saludables diez minutos.
Besos inquietos, Luisa