Como todos los veranos, mi contacto con la bicicleta y la naturaleza es en grado superlativo, me metamorfoseo durante mis vacaciones como esta mantis religiosa, sin haberme comido todavía a mi chico y sin haberme faltado las ganas, en una simbiosis perfecta entre máquina, cuerpo y monte mediterráneo.
Sin horario ni calendario, sin más reloj que el de mi tripa, sin más tecnicismos que una buena leña y su brasa, sin más aire que el de la brisa que sube del horizonte del mar o del bombín para inflar las ruedas de la bici y el superrefrescante vientecillo en la cara de velocidad bajando la pendiente de esa loma, ni más agua que el de la balsa de riego donde refrescarme y la del botijo para beber. La simple y sencilla austeridad que te proporciona la naturaleza y la que tus fuerzas pueden sostener y aguantar en su pulso.
Pero este verano siento que he traicionado ese espíritu verde, solo un poquito, porque mis fuerzas no están en el punto máximo y hemos pedido una ayudita a la tecnología para seguirle el ritmo a la naturaleza. Me he agenciado un nuevo aliado, un superheroe del pedaleo, una bicicleta eléctrica. Ese padre que nos empujaba en nuestro pedaleo cuando estábamos aprendiendo a guardar el equilibrio, tal cual es lo que sientes cuando a cada golpe de pedal se conecta el motorcillo y te ayuda en tu fatiga, lo que se le llama pedaleo asistido.
El punto justo de tecnología sin perder ese sostenible color verde de esa bicicleta puntera, en perfecta simbiosis con la naturaleza, respetándola y no fagocitando sus recursos. La tecnología sin convertirse en un parásito depredador ahogando al huesped.
Iniciativas existen en ese sentido. Tenemos el plan Pima Aire que ha lanzado el gobierno para promocionar el uso de vehículos eléctricos que no he dejado escapar y me ha dado el empujón que me faltaba para comprar la bicicleta, unos 200 eurillos de ahorro. Os dejo el enlace para ampliar información, pinchando en su título.
También iniciativas privadas que velan por la sostenibilidad y además unidas a proyectos solidarios con la comunidad. Este es el caso de una empresa de Zambia , Zambiques, que fabrica bicicletas con el cuadro hecho de bambú, abundante en la zona, casi como una mala hierba y aprovechado con la ayuda de un proceso técnico innovador que está mejorando el transporte de los zambianos e incluso exportando el producto internacionalmente. No os perdáis el artículo de prensa, pinchando el enlace.
Pensando y actuando en verde. Impulsando un sistema alternativo de transporte, resucitando y redescubriendo a este antiguo invento de dos ruedas.
Besos de clorofila, queridos Calados y lectores.


