lunes, 8 de junio de 2015

LA GATA SOBRE EL TECLADO. Caelum et infernum


Y dijo que no existe, que no hay fuego ni llamas lamiéndote el alma. Entonces, ¿mis terribles pesadillas infantiles para qué sirvieron? Sin embargo, la edad, el tiempo o qué se yo, te obligan a replantearte las verdades que antes pensabas incuestionables. Es verdad. El Papa apostólico romano y argentino ha dicho que el infierno no existe, pero yo no me lo creo.
Existe. Basta sólo con abrir una puerta o cerrar otra. Es suficiente salir a la calle, ver el telediario, contemplar el odio, la brutalidad, la crueldad humana, abrir la ventana, escalar una pesadilla, darse de bruces contra una realidad perversa. Y tiene fuego, llamas afiladas que succionan el alma con lengüetazos ardientes, calores ígneos que queman la esperanza más curtida, brasas que ulceran los sueños que crecieron a la luz de la inocencia, chispas que sacuden la sonrisa y la vuelven mueca vacía.
Existe, vaya si existe. Pulula en barrios miserables echando a la gente de sus casas, en maltratos psicóticos de engendros que parecen humanos, en fracasos enormes que no admiten excusas, en miedos detrás de las puertas, en animales ahorcados, en hombres degollados, en niños solos, rotos, en sueños rotos, solos.
Pero no temáis más de lo recomendable. El cielo tampoco está entre las nubes algodonosas, escondido en alguna galaxia de luz y paz, no. El cielo existe y está aquí, en esa sonrisa, en ese abrazo inesperado, en el gesto solidario, en el hasta aquí hemos llegado, en la respuesta justa, en la objeción correcta, en una llamada, en un comentario, en un paseo por la playa, en una palabra, en un ladrido, en un maullido, en un encuentro, en una mirada cómplice, incluso en el silencio cuando no es del que abandona sino del que acompaña. 
Y como más pronto o más tarde, el infierno, como un aliento agrio y estuoso, atravesará nuestras vidas, id dejándole huecos al cielo, huecos enormes de sonrisas y anhelos por los que seamos capaces de caminar sin miedo. 

12 comentarios:

  1. Me quedo con el cielo, siempre, si nos llenamos de cielo no quedará espacio para el infierno. Respiremos fuerte y aguantemos, las llamas, sin aire, se extinguen.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero a veces las llamas del infernum se cuelan a través de las rendijas del cielo. Qué hacer?

      Eliminar
    2. Pues sofocalas con abrazos. Creo que somos granades constructores de cielo, no creo en el infierno, aunque no siempre vayan bien las cosas, tanto las materiales como las del corazón, hay que buscar asideros, y en la mayoría de los casos existen.

      Eliminar
  2. Pues fijate que a mí me encantaría creer que hay un cielo, un espacio-tiempo en el que compensar tanto dolor tanta injusticia miseria y violencia. Lo del infierno. .. creo que sería suficiente una segregación eterna de aquellos que resultan nocivos para los demás. Luego viene el problema de qué hacer con aquellos que son justos para muchos pero horrorosos para su mujer o su marido.... me entiendes? O al reves, amantisimo padre y cabrón empefernido con sus trabajadores....
    Cielo e infierno somos cada uno. Por tanto... hagamos pequeños trozos de cielo. Y sumando...
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Nepalí. Y yo estaba convencida de que había ese cielo hasta hace tres años, dos meses, y seis días. Cuando tuve que contemplar la larga agonía de mi madre. Lo tuve claro, de repente. Si hay un cielo o un infierno, están aquí. pero ese "descubrimiento" no ha cambiado ni mi forma de ser ni mis actos. Seamos creadores de cielo.

      Eliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. Pues a mi se me ocurre pensar que ambos están tan sólo, que no es poco, dentro de cada uno de nosotros. Según miramos teñimos de fuego ardiente o fresco azul cada una de las sorpresas que la vida nos va dando. Más aún, la eternidad es algo que no me entra en la cabeza, ni siquiera para vivirla en el cielo. Mucho menos en el infierno, claro está...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Somos cielo e infierno, sin duda. A mi la eternidad tampoco me cabe en la cabeza ¡Qué pereza!

      Eliminar
  5. Te creo Amparo, creo que el cielo y el infierno coexisten en este mundo, que el cielo se ve invadido cíclicamente por el infierno como las mareas arrasan la playa, cuando al menos no son un sutnami. Disfrutemos del cielo y que no nos pille desprevenidos el infierno.

    Hoy tu pluma ha descendido a los infiernos y a subido a los cielos. ¡Cómo la manejas!

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi pluma es muy aventurera. En qué sitios se mete. Hagamos cielos, muchos huecos de cielo.

      Eliminar
  6. Estamos tan cerca del cielo como del infierno.
    A ver si ponemos bien el gps, para que nos lleve al primero.
    Salu2 celestiales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Del cielo al infierno hay un paso, un minuto, un despiste. Ese GPS tiene que funcionar muy bien. Gracias por tu visita.

      Eliminar