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viernes, 20 de marzo de 2015

FOTO POR TÍ_Selfiando, que es gerundio. O acabará siéndolo...

Salí a pasear un rato con Valencia rebosante de gente por los cuatro costados. La ciudad no es muy grande, y el casco antiguo era un auténtico hervidero. Las fallas en las calles, y las calles llenas de personas. Y las personas llenas de móviles. Y los móviles se han convertido en una auténtica necesidad para calmar los narcisismos. Para satisfacer al propio ego. Para anunciar a todos que estamos, y que estamos ahí, o allá o aquí.

Esta buena mujer, solitaria ella, llegó sin demasiados ambages móvil en mano, levantándolo mientras lo miraba en una postura cercana a la luxación cervical. Su interés se centraba en buscar su propia cara dentro de la dichosa pantallita, y en enmarcarla contra un fondo adecuado, vaya usted a saber cuál. Movía de modo bisoño su brazo y rebuscaba el ángulo concreto, convertida la pantalla del teléfono en retrovisor de la realidad que compartíamos, y que por otra parte, ignoraba con desvergüenza y despreocupación apabullante. Trataba a todas luces de aderezar la composición con la consabida guinda que, cómo no, había de ser ella misma.

Ocupaba yo un rincón de la acera, pegado a la pared y sin molestar a nadie, a la espera de las  sorpresas que sin duda me aguardaban entre la muchedumbre, y justo entonces fue que esta señora se posó, cual mosca en dionaea, a escasos tres palmos de mi cara. 
Invisible no soy ni transparente, y ante la insolente amenaza de su brazo cercano a mi parietal, me defendí encarando mi cámara y apuntándole directamente entre ceja y ceja. A decir verdad, no traté de disuadirla ni de impedir que culminase en su empeño, y como en efecto no desistió de culminar su tarea, sólo me dejó la opción de defenderme..., y disparar.
Darle, le di.

¿Gané?

Buen fín de semana Calados!

viernes, 6 de marzo de 2015

FOTO POR TÍ_Muralista

Me lo encuentro al volver a casa, está en el barrio del Carmen. 
No puedo evitar interesarme por lo que hace. Me fascina la gente con dones especiales. Pintar lo es. Y hacerlo sobre una pared de cemento, vieja, húmeda y arrinconada (es un rincón de la calle Museo) tiene más mérito.
Se llama Carlos. Es de la terreta. Pero acaba de venir de pasar una larga temporada en México. Tierra de murales. Él pinta murales. 
Es un artista de los de hoy. De calle. De pincel. De pared. 

Su obra no va a ir a los museos, ni habrá que pagar para verla. La obra está ahí. Se la regala a la gente. A la gente que pasa y pasea, que vuelve o que va, agotada, abatida, gris como sus trajes. O quizás se la regala a gente feliz, alegre como los colores de ese mono que le mira con esos ojos que él mismo ha pintado.
Me comenta que la acabará hoy mismo, si no llueve y todo va bien. Le pregunto quién le financia. Pero más bien, comentamos, pinta por amor al arte. Literalmente.
-"Si no tengo los permisos necesarios para pintar en esta pared y pasa la policía, estoy vendido". 
Eso, además.
Le he preguntado y me ha dejado hacerle unas fotos.
Mañana volveré a verla acabada.
Mi gratitud a la gente que llena de arte las paredes viejas y oscuras de mi oscura y vieja ciudad.
¿Os apetece un paseo por la urbe descubriendo arte urbano...?
¡Felíz fin de semana Calados!
 
Emilio

viernes, 27 de junio de 2014

FOTO POR TÍ_Ocaso urbano

Cuando el sol cae y vuelvo a casa en el ocaso la luz es dorada y el día se despide con sus últimos fulgores. Las farolas se prestan a brillar y algunas palomas buscan su nocturno aposento en balcones estrechos y lúgubres.
Las sombras son densas y alargadas, el sol se acuesta tarde en verano, y otra noche nos espera entre las tórridas tinieblas de finales de junio.
Hoy sólo os dejo una imagen y muy pocas palabras.
Prefiero iniciar la andadura veraniega sosegadamente, a ritmo de crepúsculo y soledades.
Pronto, un día de estos, los grillos negros y alegres me recordarán otros momentos felices. Mientras tan sólo esta paloma en vuelo ascendente y un rayo de sol que inunda el cristal sucio y polvoriento de la elegante farola, en la sobria fachada del IVAM.
Un caluroso abrazo de principios de verano.
Emilio

viernes, 7 de febrero de 2014

FOTO POR TÍ_Mal rayo (no) me parta


Puede pasar una vez entre dos millones trescientas veinte mil veces, pero...

Cuando los hados están en nuestra contra, es mejor que no nos pillen de paseo en una anochecida de tormenta eléctrica. Porque hay cosas difíciles de ver, difíciles de creer, difíciles de ocurrir, difíciles hasta de imaginar y casi imposibles de fotografiar, pero, nunca se sabe, todo puede pasar... 
Así que vas tan tranquilamente caminando por la calle, la misma calle que recorres todos los días en tus trayectos cotidianos. Vuelves a casa tras una jornada más o menos dura o no, o sales a despejarte, a ventilar tus ideas, a tomar el aire, a empaparte de urbanismo, a compartir con el mundo un rato de tu existencia y ¡zas!, sin previo aviso, repentina y bruscamente, una fuerza descomunal de mil millones de vatios, va y te cae encima, achicharrándote el cráneo y en consecuencia, todo lo que éste guarda dentro, es decir, tu cerebro. Y por supuesto todo lo que viene estando por debajo de tu cabeza.
De repente y sin comerlo ni beberlo, te churruscas como si fueras un chorizo al diablo, y al diablo te vas convertido en carboncillo. Así, sin tiempo a reflexionar ni nada. Sin derecho al pataleo y sin la opción de elegir susto. Tarde. Es ya tarde para tí, bueno, para lo que queda de lo que fuiste.
Porque, lógicamente la cosa acaba mal, muy mal. No lo cuentas. Eso es casi seguro.

Así que conviene, creo yo, practicar la vieja máxima del conocido aforismo latino: Carpe diem.

Aprovecha el momento. Aguza tus sentidos. Dirige al frente la mirada sin titubeos. Avanza en pos de un futuro que ya escribes. Puedes hacerlo porque aún tienes presente. Siente el bombeo de la sangre en tu pecho. Escucha tu corazón. Exprime cada uno de sus latidos. Y hazlo ahora, hazlo a tiempo, hazlo antes de que un rayo te parta.
Más vale eso. Porque nunca se sabe.

Y si estabas pensando amigo Calado, que esta foto es una mentira... Si crees que es imposible que todo esto pasara a la vez y en el mismo tiempo y espacio, justo en el momento en que mi cámara y yo pasábamos por allí y nos dábamos cuenta de todo ante la mirada extrañada del hombre de la gabardina..., presta atención y repasa despacio la pantalla de tu ordenador, se consciente de qué es lo que ves y reflexiona... ¿acaso crees que alguna foto es más verdad que esta? Y no olvides que como ya dije alguna vez, en mis fotos pongo más de lo que veo. Pongo lo que siento, lo que imagino, lo que pienso al hacerlas. ¡Carpe diem!

Un saludo con chispa!
Emilio

viernes, 24 de enero de 2014

FOTO POR TÍ_"vsvsvsvsvsvsvsvsvs..."


Andas sin saber qué estás pensando. La verdad es que apenas meditas sobre nada. Es mejor así.
Tus pasos te guían entre calles conocidas que no miras, tan sólo las ves y las sientes. El aire envuelve tu rostro mientras el sol calienta tus mejillas. Giras esquinas, avanzas entre callejones. Esquivas bolardos. Sientes las calles. Desconchones de viejas paredes, cal pintada en las fachadas enlucidas. El griterío de niños jugando en los patios de las guarderías, rugidos de motores de furgones de reparto. Conversaciones ajenas de ese tipo de gentes que parecen disfrutar hablando en voz alta al dichoso teléfono móvil.
El ambiente es frío, como debe ser en una mañana de enero. Jóvenes y no tanto toman café en las mesas de los bares, señoras con su carro de la compra y sus arreglos de cocido, sus coles, sus puerros, sus pelotas. De cocido. Hombres de gesto adusto y ropa raída me adelantan sobre bicicletas cargando incontables chatarras. Vecinos que se saludan de improviso sin percatarse de que se han detenido justo en medio de la acera. La dejo de mala gana por no decirles dos cosas y un claxon me asusta sin motivo, al fín y al cabo, aún sobra un palmo entre el bordillo y mis pies, y otro más entre mi brazo y su retrovisor. Y ese coche no debiera de circular a más de 30, así que que no me toque los...
Continúo andando. Parando. Andando y parando. Mirando y viendo. Fotografiando de vez en cuando.
Veo unos gatos. Son gatos marginales y marginados, maltratados por la vida de gato callejero que llevan. Sus ojos tienes esas extrañas legañas de gato, esas que tienen esos gatos cuyo aspecto no rebosa salud por ninguno de sus cuatro costados. Toman el sol en un callejón sin salida. Un grafiti futurista decora el muro que ciega la calle. Nada más.
Me acerco despacio y me agacho frente a ellos. Les apunto con la cámara. Hacen amago de irse pero susurro una extraña fórmula atrapa gatos. Una que asombrosamente les detiene. Se recomponen y me dirigen su mirada gatuna, intensa e indescriptible, profunda y fría. Sin duda no entienden qué espero que hagan mientras pongo ese artilugio extraño delante de sus hocicos chatos y bigotudos. Me miran serenos, impávidos. Además y entre otras cosas, yo les importo un pepino.
Para ellos es un día más con un algo nuevo. Para mí no hay nada nuevo un día más.
Parece mentira, comprobar que, a día de hoy, sigo haciendo este absurdo ruidito para llamar la atención a los gatos. Y lo más curioso es que funciona. Y aún más, veo que cualquier papá/mamá hace lo mismo con sus hijos para que estos, emocionados, consigan ganarse la confianza de los mininos...
Seguramente, es uno de esos trucos que nos colocan en la cúspide de la pirámide evolutiva, ¿no?
En fín, por la parte que me toca.. ¡gracias a mis padres por enseñarme este secreto universal!
Saludos Calados!
Emilio

viernes, 25 de octubre de 2013

FOTO POR TÍ_Juntos, pero ni mucho menos revueltos

Juntos, pero separados por la distancia que mediaba entre sus alejados pensamientos. Sin cruzar palabra, pidieron sus cortados y los tomaron cada uno a su manera y a su ritmo, sin compartir más que la tabla que aguantaba sus cansadas humanidades, además de la nota que les trajo el camarero. Cada cual perdido en los recovecos de sus sueños perdidos, de sus frustraciones, del recuerdo lejano de aquellas dormidas pasiones, de los deseos no realizados, o simplemente de sus proyectos sobre cómo apoyar la cabeza en su sofá favorito a la hora de la siesta. Sin pensar en si el café de su pareja estaba bueno o qué pasaba por la mente de ese otro con quien compartían el momento.
Cada uno dejaba vagar su mirada a su manera. Ella en el infinito de una oscura pared al fondo del bar. Él en la nimia inmensidad de la tacita, mientras revolvía y mezclaba los restos de la crema con los del azúcar, allá abajo, en el fondo del cristal. Era quizá lo único revuelto en aquella mesa.
Tan cerca y tan separados. Tan juntos y tan solos. Una manera más de llegar a cumplir muchos años de matrimonio.

Como dice un afamado mentalista: Todo es fruto de su (mi) imaginación. No le den más vueltas, no tiene sentido..., ¿o sí?

viernes, 27 de septiembre de 2013

FOTO POR TÍ_¿Lector hipermétrope?




¡Vaya unas formas que últimamente tiene la gente de hacer fotos! Curiosa manera, ¿no?
Me llamó la atención el gesto del hombre, tan próximo como estaba a una librería, y no puede evitar pensar en que eso, que parece un libro en manos de un enfermo de la vista, no lo es.
Este señor, aunque a mí me lo parezca, no leía nada ni padecía, que yo sepa, de hipermetropía aguda. No. Estaba fotografiando a su mujer y a su hija…

Dejo hoy la reflexión para que cada uno haga la suya propia y opine, aplauda o abuchee estas nuevas maneras de fotografiar. Yo tengo, como es normal, mi criterio personal al respecto, pero supongo que la fotografía que subo hoy y lo poco que hablo de ella os hará quizá intuir cuál es.

No importa cuál sea, espero me digáis vuestra opinión al respecto. Os iré contestando “frío” o “caliente” según se parezca o no vuestro enfoque al mío. Una especie de juego, o de adivinanza. En el fondo, un coloquio abierto sobre las nuevas tecnologías de la imagen, si os parece bien.
¿Os apetece?

sábado, 11 de mayo de 2013

FOTO POR TÍ_Frente al T-Rex de Quart


De todas las posibles víctimas de este lagarto terrible pintado en la pared, junto al Jardín Botánico de Valencia, en la calle Quart, este entrañable anciano me pareció el más adecuado.
No, no es que el hecho de ser "mayor" lo condene, aunque la verdad es que "pasaba por allí."

No fueron los únicos, pero la actitud de la mujer que empuja su carrito, distraída y sin permanecer atenta a los peligros que les acechan, la direccion de su paseo por la acera que les hace ignorar la aguda mirada del dinosaurio, y la manera ideal de rellenar el hueco que quedaba entre los dos coches aparcados, junto con la altura del tándem, suficiente para el zarpazo de la bestia, les hicieron ser los elegidos.

Me sabe mal, pero peor me sabe por el saurio, muy tierno no estará el bocado.

Permanezcamos atentos, nunca se sabe qué peligros esconden las calles..., ni si hay un fotógrafo cerca esperando que formemos parte de su imaginario.

sábado, 20 de abril de 2013

FOTO POR TÍ_Pasos




Pasos.
Dan pasos. Todos van o vienen. Nadie permanece quieto. Nadie posa para mí. Es la fotografía en la calle, la fotografía callejera. Andas, cámara en mano, atento a lo que pasa delante de tus ojos, tratando de ver en cada banalidad, en cada cotidiano e insignificante gesto de todo cuanto te rodea, un motivo para capturar un pedazo de tu propia historia, de tu propio paso por el mundo, porque aunque tú no salgas en la foto, tú eres quien la hace.
El perro entrando por la izquierda del encuadre, con la mirada perdida en su ensoñación perruna. Saliendo por la derecha el transeúnte que, en el plano medio, parece descubrir que una cámara le mira pero la ignora, apresurado e indiferente. Entre ambos y en dirección opuesta a ellos, el hombre que habla por teléfono y el amigo que camina a su lado cerca de la palmera central, ajenos los dos a perros y a corbatas.
Todos, cada uno en su personal espacio y tiempo, vienen o van. Ninguno es consciente de la presencia de otros, ninguno de ellos concede importancia al resto de los personajes que coexisten en un escenario que sólo yo construyo.
Sin embargo, la cámara acecha, atiende sus diversas trayectorias, vigila sus gestos, prevé sus posiciones relativas y absolutas. Modifico a cada instante el encuadre, cambio sutilmente el ángulo de la cámara, me desplazo unos centímetros, izquierda y derecha, hacia un sentido o el otro… En un brevísimo lapso de tiempo, parecen coincidir todas sus inercias para colocarse de la única manera en la que me resultan un todo armónico y  único, pero un todo efímero que nace para desaparecer tras el cientoveinticincoavo de segundo que dura el disparo.
Luego cada uno de ellos seguirá su particular ruta y darán otros pasos, pero esos ya no coincidirán nunca más delante de mi cámara.