De todas las posibles víctimas de este lagarto terrible pintado en la pared, junto al Jardín Botánico de Valencia, en la calle Quart, este entrañable anciano me pareció el más adecuado.
No, no es que el hecho de ser "mayor" lo condene, aunque la verdad es que "pasaba por allí."
No fueron los únicos, pero la actitud de la mujer que empuja su carrito, distraída y sin permanecer atenta a los peligros que les acechan, la direccion de su paseo por la acera que les hace ignorar la aguda mirada del dinosaurio, y la manera ideal de rellenar el hueco que quedaba entre los dos coches aparcados, junto con la altura del tándem, suficiente para el zarpazo de la bestia, les hicieron ser los elegidos.
Me sabe mal, pero peor me sabe por el saurio, muy tierno no estará el bocado.
Permanezcamos atentos, nunca se sabe qué peligros esconden las calles..., ni si hay un fotógrafo cerca esperando que formemos parte de su imaginario.
