
Buenos días de Domingo, amigos, Calados y lectores:
Seguimos abriendo
la Caja Negra (II) anclada en Calados y que desde Abril, fecha en la que la inaguramos, no ha dejado de sorprendernos. Hoy nos desvela más secretos de los que contiene "Una Gemela" de nuestras autora en
Las Gemelas del Sur...
"la otra" ha decidido silenciarse esta vez para pronunciarse en otra ocasión...
Y sin más preámbulos....levanto su tapa y dejo fluir
LA PROMESA...
¡Vamos a disfrutarla!

Hacía tiempo que no se veían, todo un invierno. Realmente Estela se había apartado de todos y de todo, hasta de su afición y ocupación como contadora de historias. Desde aquello, no había tenido ni ganas ni fuerzas para volver a encontrarse con Noe.
Noe había quedado con ella en la plaza del Convento, en la cafetería cuyo nombre hacía honor a la misma “El Convent” Su intención era muy clara, tenía que convencerla para que volviera a escribir. El mundo no podía perderse su especial forma de ver y describir la vida. Su encanto era demasiado evidente para dejarlo atrincherado entre las 4 paredes de aquella habitación, en la que estaba recluida por voluntad propia.
A Noe se le mezclaban los recuerdos: El día que fue al centro psiquiátrico, la sala donde se encontró con Estela, tan aséptica, de paredes y mobiliario de un intenso color blanco hasta hacer daño. Era el lugar donde se reunían para realizar la terapia alrededor de una mesa comunitaria. Al entrar en aquella habitación, la buscó con la mirada, fijó sus ojos en ella y al instante su mente voló hacia un hermoso valle, el Valle del Jerte, al ambiente cálido de un refugio cercano al pueblo, donde se hospedaron. Curiosamente, en el local, también había una mesa comunitaria, para compartir un vino unas risas y una conversación entre amigos.
Hablaría con Estela y la convencería, tenía algo para ella, una pluma que compró en uno de sus viajes a Malta…
-¿Qué desea el señor?, pregunto el camarero, un poco nervioso, dejando un cenicero de vidrio sobre la mesa.
-Por favor una cerveza, ¿cerveza?
-Sí…
Se agolpaban los recuerdos y también las sensaciones y de nuevo su menté aparcaba en el portal de la casa rural donde estuvieron alojados, rodeada de calles empedradas y olor a primavera. Salían cada mañana, a recorrer caminos trazados para el caminante tranquilo y ávido de naturaleza.
De pronto, se acordaba de ciertos comportamientos de Estela, que en aquel momento ya le parecieron fuera de contexto, pero los atribuía a las excentricidades del genio, porque para Noe, Estela era un genio, hacía magia con las palabras. Cuando volcaba, tan generosamente, ese caudal de sentimientos envueltos en voz tatuada, los que teníamos el privilegio de leerla, entre lectura y lectura, respirábamos hondo, para poder seguir leyendo. Nadie escribía de forma tan intimista y profunda como ella, quizá tanta introspección la condujo a su naturaleza desquiciada.
Noe reconstruía una y otra vez el puzzle, intentando encontrar una explicación y una solución para ofrecérsela, alguna pócima con la que calmar su ansiedad y encontrar su alma perdida.
¿Qué es lo que había ocurrido?, ¿Por qué ella se mostraba como si estuviera ensimismada? ¿por qué unas veces era dulce y suave y otras manifestaba ira y agresividad? Noe apartaba de su mente eso que todos estaban pensando, tenía que averiguar que le había pasado a Estela para llegar a convivir en esa dualidad. Pero……… ¿cómo había que comportarse? Una sensación de inquietud iba subiéndole desde el estómago, se acercaba la hora de la cita, ¿y si venía la Estela desquiciada y agresiva?.
Estela llegó hasta él y en un esfuerzo de ánimo, se acercó y le dio un abrazo. Noe había sido todo para ella, pero en algún momento de su intensa relación, Noe se perdió en su locura y ya no supo regresar. Su carácter se hizo violento, se encerró en sí mismo y desapareció.
Al ingresar en el Centro logró una mejoría, que Noe aprovechó para decidir que ya no era necesario permanecer allí.
Estela se dirigió a Noe, -¿Qué tal?,
-Pensaba que no vendrías, -murmuró Noe-
-Tenía que venir, tengo algo que decirte.
Estela no sabía cómo decirle que debía volver al Centro, la psiquiatra de Noe, se había puesto en contacto con ella;- Noe no está bien, tiene que regresar para seguir la terapia-
Y ella, se había comprometido a hacerlo volver. Estela con voz suave y dulce le dijo:
-Te prometo que escribiré nuestra historia, esa historia que vivimos en aquel valle. Lo que pasó entre nosotros está olvidado.
Noe asintió con la cabeza. Sacó del bolsillo de su chaqueta la pluma que había comprado para ella y se la entregó.
-Perdóname,
-Está bien Noe, todo está bien....
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Saludos reveladores.
Arwen