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sábado, 27 de julio de 2013

FOTO POR TÍ_El retrovisor



Circulando a más de 100 kilómetros por hora viajamos hacia la capital para dejar atrás una aventura. Conduce mi esposa. El coche discurre veloz por la autopista acortando la distancia y aprovecho para sacar la cámara y pensar, a medida que voy tomando fotos. Fotografío la carretera con sus abiertas curvas y el GPS pegado al cristal sobre el salpicadero. Fotografío camiones al adelantarlos y girasoles que me dan la espalda mientras miran al sol de la mañana. Fotografío árboles solitarios en medio de campos segados. Fotografío nubes que extienden sus dedos en el azul del cielo. Fotografío el guardarraíl y en una última captura, giro la cámara metiendo en el encuadre la carretera que dejamos atrás, a través del retrovisor, que cierra la composición por la izquierda.

Pienso que la vida es como la imagen de la carretera por el espejo. Acabas de verla frente a tus ojos y de pronto desaparece casi instantáneamente, apenas te queda tiempo para, si puedes, echar un vistazo fugaz al retrovisor y ver cómo se desdibuja todo: las señales, el asfalto, las líneas blancas del arcén. Ves que todo se escapa engullido ante la velocidad y el avance rápido, inexorable e implacable del tiempo. Digo yo si una vida no es más que una ingente sucesión de breves imágenes que van quedando atrás con urgencia, ante la ineludible necesidad de vivir lo que nos llega, igual que se mira a la carretera cuando se circula por ella. 

Llegamos a mediodía y los abrazos con nuestro hijo marcan el final de una aventura, la suya, la que él ha vivido en la remota Selva del Darién. Se humedecen nuestros ojos al vernos. Imagino el reflejo del Mar del Sur en su retina. Imagino que se mezcla la sal de su espuma en sus recuerdos con la de las lágrimas que resbalan por la mejilla de su madre.

Giro la llave y enciendo el motor, partimos de vuelta a casa. Miro hacia atrás mientras paladeo mis propias lágrimas. Pronto el cartel de la Francisco de Vitoria se pierde en las imágenes del retrovisor.


Amigos Calados, atrás queda un curso y el verano es todo cuanto tenemos ahora frente a nosotros. Disfrutadlo y vividlo intensamente antes de que se convierta en reflejos de lo que no volverá. 
Buenos momentos para todos, no olvidéis fotografiarlos.

Abrazos y besos Calados desde esta ventana. Volveremos para abrirla en septiembre.
¡Hasta entonces!