Los que han tenido vacaciones, o los que han viajado, están mirando el
reloj. O mejor, el calendario. Porque se acaban, las vacaciones y los
viajes. Eso en el caso de haberlas tenido. Otra cosa es si se han
disfrutado, o por el contrario se han padecido. Y más aún, eso para los
que hayan tenido vacaciones. Eso significa que trabajan, lo que es mejor
incluso que tenerlas. Es de nuevo el momento, y adocenando nuestra
conciencia colectiva como en tantas otras ocasiones, caemos en los
tópicos de siempre, los de todos los años...: otear nuevos rumbos,
desear destinos por alcanzar, elegir caminos a seguir.
Es un hecho sin embargo que cada nuevo día es un nuevo camino a recorrer y que cada lugar al que llegas es tu último destino alcanzado. No importa si partes desde una estación o si tan sólo te levantas de una silla. No importa si es final de verano o principio de primavera, no importa el mes ni el día. No importa el momento ni el lugar.
Lo único cierto es que a menudo siento a la vida como si fuese un tren que miras pasar delante tuyo, como esos trenes que pasan, o llegan, o salen, de las estaciones de tren. A toda velocidad discurre ante nuestra mirada, en medio de un ensordecedor rugido, atronando el suelo con una rítmica secuencia... "cu-chú-cu-chú, cu-chú-cu-chú, cu-chú-cu-chú...", chirriando su redondos pies de hierro por raíles que discurren eternamente juntos y eternamente separados.
La cuestión es: ¿Cuál será la estación de llegada? ¿Cuánto dura el viaje? ¿Dónde estarán sus estaciones? y lo más importante... ¿Cuándo parará?
Sea como sea, saludos Calados para todos, desde cualquier andén, y hacia cualquier destino.
Es un hecho sin embargo que cada nuevo día es un nuevo camino a recorrer y que cada lugar al que llegas es tu último destino alcanzado. No importa si partes desde una estación o si tan sólo te levantas de una silla. No importa si es final de verano o principio de primavera, no importa el mes ni el día. No importa el momento ni el lugar.
Lo único cierto es que a menudo siento a la vida como si fuese un tren que miras pasar delante tuyo, como esos trenes que pasan, o llegan, o salen, de las estaciones de tren. A toda velocidad discurre ante nuestra mirada, en medio de un ensordecedor rugido, atronando el suelo con una rítmica secuencia... "cu-chú-cu-chú, cu-chú-cu-chú, cu-chú-cu-chú...", chirriando su redondos pies de hierro por raíles que discurren eternamente juntos y eternamente separados.
La cuestión es: ¿Cuál será la estación de llegada? ¿Cuánto dura el viaje? ¿Dónde estarán sus estaciones? y lo más importante... ¿Cuándo parará?
Sea como sea, saludos Calados para todos, desde cualquier andén, y hacia cualquier destino.

