jueves, 30 de octubre de 2014

CONDUCTORAS SUICIDAS. VOYAGE, VOYAGE...



Se sentía como una heroína, había defendido su trabajo como una jabata mano a mano con su compañera, en un  perfecto tandem, rompiendo las líneas enemigas de los nervios y la inseguridad, en un terreno extraño, lejos de su tierra, después de recorrer cientos de kilómetros compartiendo viaje y asiento con ella, cómplice de la aventura laboral.

Dos abejitas trabajadoras que se afanan en reinventarse, en contrastar ideas, dibujarlas desde varios puntos de vista, en un toma y daca propio de disertaciones de dos filósofas en pleno mundo de las Ideas platónicas que se afanan en plasmarlas en la realidad imperfecta. La mejor de las veces que ha habido tal sintonía, tal compenetración. ¿Serán los largos años de experiencias compartidas? ¿El haber conseguido esa ósmosis entre el trabajo y la amistad?  Imaginad los viajes de esta pareja. Hasta el infinito y más allá.

Esta vez la vuelta a casa se impone hacerlo por separado. Sola ha sido un acierto encontrar la puerta de salida de tantas que tiene la plaza Mayor hacia la calle de la estación, después de desayunar en ese bar de uno de sus soportales con ese camarero extrañamente poco hablador. Mascaba la soledad, mientras me cruzaba con los estudiantes que acudían al instituto de buena mañana y yo arrastraba la maleta cuesta arriba por esa calle empedrada que la frenaba y tamborilleaba. Preciosas esas calles con sabor a medievo si no arrastras una maleta. Aún así llego a la estación con más que sobrado tiempo de espera y me quedo destemplada con este loco tiempo de calores al mediodía y fresco por la mañana que te hace no acertar con la ropa que ponerte para estar sentada en ese banco solitario.
Descifro el panel de salidas de los autobuses y busco mi destino, Madrid, la metropolis, enredada en una madeja de conexiones viajeras. ¿Seré capaz de orientarme en esos transbordos de autobús, metro y tren? Se ve tan sencillo cuando un amigo nativo de la zona te acompaña por esos túneles y te lleva a buen puerto, pero cuando lo haces sin esa mano amiga, se te activan hasta los sentidos más arácnidos para tratar de no liarte y dar con la salida, saber sacar el billete en esas máquinas sin alma y no equivocarte de andén. Pierdes toda la vergüenza por asegurarte que vas bien y preguntas a ese ciudadano que supones será caritativo contigo, de colega a colega viajero.
El estrés recorre tu cuerpo, lo notas, comienzas a sentir las señales inequívocas en tu vejiga que maldices, porque ahora tienes también que buscar un baño, calcular si cabe la maleta en el cuchitril de la taza del vater, encajar el bolso donde puedas y maniobrar con acierto para descargar la increíblemente larga cascada amarilla. Esto no es natural, solo me había tomado un café con leche. Comprobado, los nervios son el mejor de los diuréticos.
Cuando por fin llegas a la gran, enorme, bulliciosa, estación de tren, recuerdas las instrucciones de tu amigo, todo recto y luego a la derecha. Pues no, no es tan sencillo, aquí hay más pasillos de los que me pintaron y quién mejor los conocerá, el guardia de seguridad, tan macizo y tan contundente en sus palabras. ¡Victoria!, he llegado al portal de entrada del AVE, donde me controlan el equipaje y llego a una sala de espera con auténticos asientos de tren, pero en dique seco. Acomodada a la espera de ser anunciado mi AVE, pienso, cuanto daría por una conversación con una amiga, y tal cual, suena el bip de un whasapp en mi móvil. Es mi compañera que se interesa por mis tribulaciones como viajera. Increíble, estamos coordinadas hasta en estos detalles.
Si ya pensaba que el mundo era pequeño, viajando con el AVE que realiza el viaje en una hora y media cuando se necesitan cuatro, todavía lo veo más encogido, pero es un placer viajar a tal velocidad, como un electrón viajando por un cable, sin percibir esa sensación de vértigo, sino con una suavidad solo sacudida por la sorpresa al cruzarte durante menos de un segundo con el AVE que va en sentido contrario.

De vuelta al hogar, al camino más que conocido, a la anestesia de la rutina diaria, hasta que echemos de menos esas mariposas que nos inviten a otra aventura viajera.


Small window, a music video for Luluc from nacho rodriguez on Vimeo.

Besos y abrazos de encuentros, queridos Calados y lectores.

Las Gemelas del Sur.

20 comentarios:

  1. Viajar en tren es muy divertido.
    Salu2.

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    1. Me gusta el traqueteo del tren, parece que te mecen.

      Besos.

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    1. Lo percibo como el túnel de velocidad máxima que se debe crear delante del morro de la locomotora del AVE. 300 km/h es hipervelocidad!!!

      Besos viajeros.

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  3. en mi vida anterior a esta puta vida mía actualllllllllll, tuve una especie de premonición: Todos los trenes iban sin ruedas y sin raíles.
    hasta que me visitó el jefazo del ave
    y desperté
    y todo , menos viajar en AVE, fue gloria.


    Abrazos, gemelas del Sur

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    1. Mi pesadilla era no poder coger a tiempo ese AVE, puntual en su salida y en su llegada, para devolverme a casa y provocar otro agujero en mi economía.
      Extrañamente no me dormí en el viaje, pueda ser la novedad en viajar en este tren.

      Bienvenida a este territorio Calados y saludos a nuestros futuros encuentros.

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  4. Después de apenas haber dormido (por el catarro) esta noche, pienso en ese viaje y me mareo.

    El vídeo, delicioso, aunque me deje dormido.

    Dichosos días.

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    1. Después de la dosis de estrés de este viaje es un placer recibir el ambiente cálido del hogar.

      Aprovecha la fiesta de Todos Santos y recupérate pronto.

      Salud duradera.

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  5. A mí me gustaría viajar en tren.
    Pero solo.

    Me molestan los otros viajeros.
    Aunque callen.

    Besos.

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    1. Solucionado, Toro. Cambia de profesión, hazte conductor de locomotoras de tren, o ¿ahora se llaman de otra manera? :)

      Besos.

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  6. Magnífico. Te superas día a día. Me has contagiado tus nervios en ese movimiento de palabras tan vertiginoso. Sigue viajando porque, sin duda, te inspira y mucho.

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    1. Gracias, Amparo.
      Con la que está cayendo, habrá que aplicar el refrán: "una vez al año, no hace daño", porque no hay para más y encima no es por ocio.

      Besazos.

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  7. Parece que el balance final del viaje ha sido bastante satisfactorio, incluso el estrés por lo desconocido acaba con un respaldo a la autoestima cuando finalmente consigues encontrar la salida al laberinto.
    Los viajes si además tienen una pizca de aventura son mucho mejores y el tren... me encanta el tren. Casi te diría que el AVE le ha quitado un poco de encanto, pero hay que reconocer que hace que se tambaleen nuestras referencias espaciales, ¿Cómo? ¿Ya hemos llegado? ¿Ahora que había cogido postura?
    Me ha encantado el tono, el humor, las formas... y el vídeo con su música.

    Besos

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    1. Con estos retos redescubres tus capacidades, reafirmas tu yo y inevitablemente me hace pensar en los saludable que es para la autoestima de nuestros hijos procurarles estas experiencias sin la superprotección de sus padres, hacer las cosas solos, busca tú las soluciones.

      Coincido contigo el viaje en tren tiene encanto, pero la rapidez de este AVE es un valor añadido. El mundo cada vez es más pequeño y accesible, aunque suframos desorientaciones que es mejor llevar con buen humor y una música en el pensamiento que nos relaje para convertir en el viaje en un sueño y no en una pesadilla.

      Besos y besos.

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  8. Viaje trepidante e inquieto como todos los viajes de trabajo, pero en tu relato se respira sabor a complicidad total, porque ese compañerismo de trabajo, va más allá, y se sitúa en los peldaños de la amistad, una amistad con plena conciencia de cada espacio compartido, atribuido y valorado por ese tándem tan bien encajado.

    Sin duda para tu compañera,también sería un viaje diferente, pero no faltó la conexión en el momento oportuno.¡ Qué suerte poder formar parte de ese binomio! Sin duda esa compañera,tiene mucha suerte!

    Un abrazo caladísimo gemelas!!

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    1. Dicen que no hay que mezclar el área profesional con la personal, pero hay trabajos que difícilmente se pueden separar y cuando esto sucede y sucede bien, en el justo equilibrio, surge la armonía y complicidad que multiplica el valor de ese trabajo en común y qué decir en lo personal del valor de una amiga, todo.
      Sé que tú lo comprendes mejor que nadie, es una suerte, es el destino, en encontrarse y encajar, tener a tu lado en el viaje un buen acompañante que te haga disfrutar de esa travesía.

      Besos y besos.

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  9. Si parte de tu trabajo incluye los viajes, sin duda ha de ser entretenido. La ausencia del hogar se ve compensada por esas experiencias, como las que narras de manera excelente, que solamente el viajr es capaz de producir... aunque sean viajes de trabajo.
    La sicodelia y paz que transmite ese clip remata estupendamente la experiencia...

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    1. Viajar sin la familia es una nota a contrapunto, he de decir que saludable por romper esa barrera del confort hogareño, te devuelve parte de esa identidad que está olvidada.
      Somos animales gregarios, pero aún en colectividad nos sentimos muchas veces solos y creo que viajando es una de las ocasiones en donde mejor lo constatamos o quizás alguno crea que no.

      Te confieso que muchas veces parece que los videos clips me encuentran al escribir las entradas, es algo a lo que no encuentro explicación. Estoy intrigada.

      Besos.

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  10. Hola, Gemelas.

    Curioso que la amistad no se resienta cuando se comparte también trabajo… Según dicen. Yo no lo he probado todavía. XD

    Qué fácil resulta todo con un cicerone a nuestro lado. La cosa se ve bien distinta cuando va una sola por esos laberintos de túneles.

    Me encanta el AVE. Y llevar compañía, por supuesto.;)

    Un par de besos muy fuertes.

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    1. Luisa, si llegaras a trabajar en compañía y se llegas a sintonizar, compartes trabajo y se hace más creativo, crece, ahora bien esto no es fácil, hay que derrochar dosis de empatía y respeto y la mente muy abierta.

      Un viaje en compañía es mucho más divertido, el estrés se comparte y hasta podemos tomarnos la incertidumbre con guasa.

      Besos.

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