Vamos a continuar en un clima de paz, entre tanta crispación como se respira ahí a fuera y vamos a tomarnos unos minutos para desconectar, para pintarnos a nosotros mismos, tranquilos, sin prisas, disfrutando de la óptica y del sonido de Glocal Sound y Matteo Negrin.
Y con ello vamos a desearos a todos, ¡¡¡muy buen fin de semana!!!
Suena el timbre del telefonillo y Lucía decidida recorre el pasillo en penumbra sin parecer que
cuenta los pasos, hasta llegar al auricular. Abre el portal, ya es la
hora, es él.
Pablo empuja la puerta del patio y sube
los escalones de dos en dos, el desánimo de las primeras citas ya
desapareció y ahora siente una agradable sensación de euforia.
Nunca pensó que estos días de vacaciones de invierno estuvieran
convirtiéndose en una bella aventura.
Acude todos estos días a la cita desde
el gimnasio, cambiando su indumentaria habitual. La ropa deportiva ha
dejado en el armario al traje chaqueta y su cabeza está calada por
una gorra que le oculta parcialmente los ojos que las gafas de sol
acaban de camuflar.
Lucía reconoce sus pasos antes de
llegar a la puerta y le franquea la entrada. Preparan la salida con
compenetrada complicidad.
El soleado día hace que el mercadillo
del barrio tenga un bullicioso ir y venir, aromas a fruta y verdura,
bamboleo de las prendas al viento, cantos de reclamo de los
vendedores, cierta anarquía en el flujo de gente por el pasillo
franqueado por las paradas. Lucía disfruta de este ambiente como
nunca y abrazada a Paco decide sin dudas sus compras. Pablo está
tranquilo, imposible que le descubran en este lugar que jamás
frecuenta. Tranquilo y confiado, deja que Lucía revuelva en los
sedosos pañuelos, pero contrariada tira del elegido que opone
resistencia, en su otro extremo otras manos lo ansían también.
No puede ser es Carmen, mi vecina. Pablo susurra a Lucía que lo deje, pero ella
se resiste, si hay conflicto le reconocerá, quizás lo haya hecho
ya. Pese a sus protestas la coge por la cintura y se la lleva de
allí.
Lucía callada hasta salir del
mercadillo, saca su bastón y enfadada camina dando fuertes golpes en la acera, no quiere que le acompañe, se basta sola. Pablo la
comprende, el estaba para ayudarla y compensar su discapacidad. Más ciego es él.
Ahora va ser la comidilla de todo el
barrio, Pablo González tiene una aventura y su mujer no lo sabe.
Tierra trágame.
No ha hecho bien en ocultar la verdad,
le avergonzaba que se supiera que había sido condenado por cometer
un delito contra la Seguridad Vial a realizar trabajos en beneficio
de la comunidad. El pudo elegir ayudar a Lucía y resultó ser el
más agradable de los trabajos. ¿Su mujer lo entendería? ¿Asumiría
que su marido es un delincuente?
Desde que la Guardia Civil le realizara
el control de alcoholemia dando una tasa de 0,7 mg/l, parece que todo
se ha complicado. Se pasó del 0.6 para quedarse solo en una multa y unos cuantos puntos menos. ¿Sería señalado por sus vecinos y sobre todo por
la empresa?
La empresa necesitaba cerrar ese
negocio y tras tantas reuniones sociales y de trabajo durante todo el
día, hizo que Paco no midiera la cantidad de alcohol que estaba
tomando.
No fue consciente del gran riesgo que
asumía, poniéndose al volante de su coche, puro peligro para él
mismo y para los demás . Casi ciego iba por la carretera, pero tenía
que volver a casa porque su mujer es muy celosa, no creyera
que....Inmovilizaron su coche, le detuvieron y de todos modos tuvo que volver con un
taxi y el coche con la grúa.
Tras esa mirada al espejo retrovisor,
vuelve a casa, a poner la verdad sobre la mesa y a asumir
definitivamente su culpa. Lo que no le perdonará su mujer es el
chisme de su infidelidad, no habrá quien lo pare.
Queridos Calados y Lectores os lanzamos besos con efecto boomerang.
Bueno veamos como en estos vídeos nos damos cuenta que en grupo
siempre sobrevivimos a todo lo que nos acecha y nada mas que decir, más
que juntos llegaremos a más.
Me miró de frente y despacio, como si todavía no me hubiera olvidado, lo observé fijamente, sabiéndome una parte de él y me encontré en algún rincón de su memoria cuando una leve sonrisa asomó al borde de sus labios y sus ojos proyectaron un brillo acuoso donde aún me reflejaba... nos separaba apenas un metro de distancia, en un camino recto y constante, donde la terraza era cálida para un mes de Febrero. Quise recordar que fue primero, quien escribió adiós cuando nunca hubo principio y volví la cabeza para dejar de entenderle, para olvidarnos. El camarero cobra su ración de indiferencia. Todo son líneas rectas y curvas parábolas, como en una función donde en algún punto nos encontramos y nos cortamos con intensidad y cercanía para volver a distanciarnos sobre el eje de esa misma relación indefinida donde el término independiente continua su camino, ajeno a la necesidad del indivisible valor del otro.