Muy buenas madrugadas de regreso, amigos, Calados y lectores:
Me situo frente al monitor, después de algún tiempo apartada de las teclas, persiguiendo el sendero que ha ido dejando el verano y que cargado de aromas y de vivencias me vuelve a traer hasta aquí y aspiro fuerte como para querer calarme, una vez más, ésta vez sin humos y entre la brisa disfradaza de otoño que se cuela por mi ventana, me dejo atrapar y caigo de nuevo presa en ellas... mis queridas, mis amigas, mis compañeras...
SÓLO UNA CALADA MÁS: LONDON GIN

Entre el calor espeso que barniza las aceras, las pisadas unánimes crean ríos de humanidad al son de los colores más variopintos, de las pieles teñidas de púrpura o del negro burka Talibán... apurando media pinta de guiness negra como los cuerpos que las sostienen, las casas coloniales clavan sus ojos en el viejo bar, con olor a moqueta entumecida, a bolsas de basura hilvanando las calles, a espejos y a estanterías y a chimeneas sin humos, ni niños a deshoras en el viejo pub. La esquina que lleva a Candem, los autobues de dos pisos con miradas a la lluvia, que ni es ni deja ser... las secuelas de algunas tribus urbanas, el inglés mórbido de los ingleses, el Big Ben replicando sus horarios sin cesar, el oscuro Tamesis... cuando al final del recorrido, hambrienta y sedienta de vida y de esperanza, harta de andar por los asfaltos corroídos de seres humanos intranquilos, detengo mis pasos y entro en el último antro en el que cualquiera en su insano juicio entraría y allí busco al resto de los propietarios de esas pieles tan oscuras mezcla de indígena y pura raza y balbuceando mi inglés que cuelga de un andamio, maldigo su cerveza caliente, -suerte que no me han entendido- y entonces me cobijo al abrigo de una gran butaca, frente a una antigua mesa de madera, el servilletero se postra ante mi, vacilándome, pidiéndome que lo haga... y entonces lo llevo a cabo... dirijo firmes mis manos, como quien está a punto de cometer un crimen, recto, al bolsillo de mi cazadora de cuero y allí está, sabiéndose mio, el bolígrafo con el que empecé a escribir esta sin razón, credo inconmesurable de un buen London Gin... secretos nocturnos jamás contados... la vida al filo de una espada.
¡y como saben los ingleses de London y de Gins!... el resto, es historia... o tal vez, otra historia...
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Un placer estar de vuelta!
Arwen