Que no es lo mismo que perra vida.
Viendo a este can, convendría plantearse seriamente
la conveniencia sobre el sentido y el uso de ciertas expresiones del
castellano. Y es que con la que tenemos encima, y pese a lo que digan las
encuestas sobre población activa y el número de parados registrados en el INEM, me pregunto quién realmente tiene una vida de perros, y qué tan perra es la vida de algunos chuchos…
Y que conste que no me estoy quejando, que al menos deambular cámara en mano
aún puedo, y hay en cambio quien no tiene ni para hacerse con una como esta.
El susodicho cánido descansaba a pata suelta,
bien tranquilo y seguro de sí mismo tras el sucio y rayado cristal. Lo hacía con
ese sopor propio de un perro, orejas y belfos al suelo y aplastado por un sol de
justicia. El descaro y la dignidad con la que rápida y diligentemente correspondió
sin embargo a la mirada de mi cámara me impresionaron. Nada de sorpresivos
ladridos o de impertinentes muestras de excitación canina. Es más, incluso diría
que arqueó una ceja en claro gesto de conspicua inteligencia perruna, quizá
preguntándose si tendría mi cámara los megapíxeles que había que tener, o si
luciría él presentable para la ocasión.
Ni qué decir tiene que me lo traje para casa.
Convertido
efectivamente en muchos píxeles y dentro de mi cámara, claro está.

