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viernes, 20 de febrero de 2015

FOTO POR TÍ_Marginal

A veces estamos en el momento justo pero en el sitio inadecuado.
A veces nos colocamos ahí donde es difícil vernos, donde parece que queramos ocupar nuestro espacio. Pero no lo conseguimos.
Quisiéramos llenar la vida de alguien, o al menos ocupar un lugar importante. Pero estamos en los bordes, al margen. Pedimos nuestra oportunidad, pero lo único que encontramos es una señal que impide el paso. Y nosotros nos quedamos ahí, en los márgenes, nos sentimos marginados.
No es sólo el color de la piel, es cualquier otra cosa que nos haga simplemente permanecer en esa zona periférica, extraña y anodina. Un "ahora no", un "no me interesa", o peor, un "cállate ya" o más aún, la indiferencia absoluta y la ausencia total de respuestas. No hace falta ser un marginado social para sentirse al margen. 
Pero ellos, desde luego, lo tiene peor que yo. 
 
 
Buen fin de semana!

sábado, 20 de julio de 2013

FOTO POR TÍ_¡AGUA, AGUA!



No conozco el idioma de estos subsaharianos. No sé si mencionan al líquido elemento cuando atisban la presencia policial. No creo que lo hagan. Indistintamente de cual sea su “señal de alarma”, uno sabe que esta se ha producido cuando los ve tirar de una cuerda y su paraeta se colapsa quedando convertida en segundos en un hato informe que oculta sus mercancías. Ilegales porque así lo dictan nuestras leyes. Baratas porque quizá sean demasiado caras las que venden las tiendas. Mercancías que sin embargo ellos pagan con los escasos beneficios de sus ruinosos negocios de supervivientes.

Como autónomo al menos eventual, como trabajador en paro, reconozco que hay a quien sus actividades resultan cuando menos molestas, y seguramente hasta lesivas. Los derechos tan arduamente adquiridos por trabajadores, autónomos y empresarios, son derechos que conllevan inherentes unas obligaciones. A ninguno nos gusta pagar por tener trabajo. Pero sin embargo, hay que hacerlo para procurar que el sistema sea rentable. Y como se ve, eso parece cada vez más utópico. Pero no entraré en esas cuestiones, nada refrescantes en estas fechas.

Lo triste y lo que trae al protagonista de la imagen de hoy a esta ventana, es que él no tenga esas obligaciones, porque tristemente, ni siquiera tiene derechos.

Así que cuando las fuerzas de la ley y el orden deambulan por las calles que ellos frecuentan, sus sentidos se afinan, sus músculos se tensan como felinos dispuestos a la caza, o mejor, como gacelas prestas a la huída, atentos al menor indicio de presencia policial. De pronto, a una señal que no llego a descifrar, cruzan unos gestos, tiran de una cuerda, convierten sus escaparates en pesados bultos que ocultan el delito, y salen corriendo en alocada dispersión, en direcciones diversas y sin mirar atrás.

Este casualmente se refugió, con la mirada perdida en busca de sus fantasmas, justo frente a mi cámara. No vi en ese punto su cara, pero su miedo y su angustia escapaban por sus poros y se sentían en el aire, a esos escasos metros que le separaban de mí. No me miró siquiera. Me espantaron sus horrores y pese a todo lo único que acerté a hacer fue apretar el disparador. Por otra parte, ¿qué más podría haber hecho?. 

Entonces notó mi presencia, se giró y me miró. Nuestros ojos se cruzaron unos segundos. Mi mirada le dijo que lo sentía. La suya, dura y triste, me hizo ver que sabía que yo no era su problema. 
Bajé mi cámara, pasé junto a él y seguí mi camino, y espero que él pudiese seguir el suyo.