jueves, 7 de febrero de 2013

CONDUCTORAS SUICIDAS. Sin premeditación ni alevosía.

Queridos Calados y lectores, suaves brisas nos traen nuevos aromas a este Territorio Calado. Si queréis disfrutar de una fragancia impresionista, recordad que el próximo sábado un nuevo Calado nos  abrirá  una nueva ventana que nos ofrecerá un paisaje de luces, colores e impresiones emocionales filtradas a través del objetivo de su cámara. Atención a su primer disparo, no os lo podéis perder.


Imagen del artista Dan  Bergeron


Encajado en el asiento de su coche se agolpaban las secuencias de su vida, las que habían marcado su destino, las más espinosas y no precisamente adornadas de pétalos de rosas, esas que habían ajado su alma, su autoestima, llegando incluso a aflorar en la superficie de su piel para luego hundirse y marcar sus arrugas.  La visión que percibía a través del espejo retrovisor del pasado era de un autentico gilipollas, de un ser que había ido perdiendo su propio color, sus precisas líneas que  definían en un principio su suave carácter para convertirlo en un ser de tez azulada y figura angulosa e irreconocible.

Pero la causa de su hastío no había sido el mundo y sus circunstancias, el azar o el destino fatal, sino ÉL, sólo ÉL, y nada más que ÉL, su amigo, su colega en los estudios, el que acabó siendo incluso compañero de trabajo y  más aún, como un miembro de su familia más, el tío guay.

Si señor, un encanto de tío que proporcionaba los mejores momentos divertidos a mis  hijos y un irresistible latin lover que embaucó a mi mujer. En un divorciado me convirtió, separado de la vida familiar cuyo hueco ocupaba ÉL, pero los conflictos con los niños, ahora no tan niños y las crisis emocionales de mi ex, seguían descansando sobre mis hombros que estoicamente soportaba como nexo de unión, aunque acabaran ahogándome, acercándome al más puro masoquismo.

Yo mismo había sido víctima de este camaleónico ser, derrochador de habilidades sociales. Supo mantenerme en la creencia de formar un verdadero tandem en el proyecto que desarrollábamos en la empresa para luego conseguir ascender y llevarse el proyecto solo para él, cuando la genial idea era mía y consiguió que quedara como un mero ayudante. Si eso me reventó, verle abandonar el proyecto en otras manos, para ser nombrado Jefe del servicio de recursos humanos, fue letal. 
Acabo de salir de su despacho con el despido en la mano.

Sigue sentado, triturando sus sentimientos para conseguir cocer un deseo, hacer desaparecer la existencia de ese ser en el diabólico caldero de la venganza. Pero sabe que le falta el fuego y hasta la leña que le dé la suficiente energía para ello, porque ni siquiera logró encenderse cuando las primeras chispas saltaron hace años. Ni es un tipo visceral, ni es un estratega frío y calculador para tramar el más perfecto de los crímenes.
  
Aparcado decide abandonar definitivamente su plaza del viejo garaje de la empresa. En un impulsivo arranque, apretando el acelerador con rabia, enfila el pasillo que enfrenta a la puerta de salida.  De pronto se apagan la luces del garaje, los faros de su coche no están encendidos y en esa ceguera, ni piensa que pasaría si algún coche viniera de frente. Sólo contempla ese punto luminoso de fuga. Cuando por fin lo franquea, sus pupilas dilatadas dejan pasar la luz que le deslumbra. Sigue ciego y con el pie paralizado a medio gas incapaz de pisar el pedal del freno, atraviesa la acera y le detiene, en mitad de la calzada, un estruendo a chatarra. Se ha convertido en el artista de la más retorcida escultura metálica, la más aterradora obra mortal, cuya figura central es el cuerpo sin vida de un trabajador, casualmente de su empresa. Del maletín que llevaba el desgraciado ejecutivo, volaban los papeles con el membrete de la empresa y a pie de esos documentos la firma del Jefe de servicio de Recursos Humanos. Era ÉL.

Sentado frente a la mesa del despacho de su abogado, estudian el caso para preparar su defensa. El abogado hace una mueca que no llega a interpretar bien,  no se atreve a confesarle que pueden estar ante el CRIMEN PERFECTO.

Besos de las Gemelas del Sur.

16 comentarios:

  1. Dos formas distintas de arrebatar una vida. Te hace pensar en la existencia del karma.
    Lo peor de todo es que a diferencia de ÉL, el protagonista se sentirá culpable (y le harán sentirse así) para siempre.

    Un abrazo!

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    1. ËL ha pagado en esta vida la reacción negativa de su karma. Me pregunto en que se reencarnará esta vez, en el bicho que fue, seguramente. El otro se merece comenzar a disfrutar de las cosas buenas que seguro le sucederán, la culpabilidad que pueda sentir ya se compensará en la otra reencarnación.

      Besos sagrados, Ehse.

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  2. Intrigante forma de asumir lo fortuito de la vida. Pero desde luego, acertado juicio de muchas realidades actuales, por ejemplo esa, la impunidad del culpable ante sus propios actos, y la extraña injusticia que sufre quien se limita simplemente a no ser más cabrón que el otro. Un relato para mí cargado de paradojas tan reales como la vida, tan apabullantes como inexorable dualidad vida/muerte.

    Da que pensar.

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    1. No siempre podemos confiar en la justicia del destino. En la vida no hay formula exacta que otorgue la merecida recompensa o el aleccionador castigo, parece todo tan aleatorio que no es extraño que esté llena de paradojas, como bien apuntas.
      Nuestro protagonista ha conseguido despejar la variable de su infortunio y el resultado inesperado va a ser más bien positivo para él.

      Besos para tu debut el sábado.

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  3. Qué bueno, cómo va in crescendo en esa mezcla de odio y dolor. Hasta yo tenía ganas de cargármelo. Genial y muy muy bien escrito.

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    1. Parecía un hombre sin sangre en las venas, pero ese arrebato final y sin proponérselo, le ha llevado a encontrarse con el crimen perfecto, sin premeditación ni alevosía, un accidente de tráfico más.

      Gracias, Amparo, por tus palabras de aliento.

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  4. Me ha gustado mucho.
    El final me ha parecido genial.

    Besos.

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    1. Si nos paramos a pensar, el automóvil puede y de hecho se convierte en un arma mortal. A veces parece una bala perdida, pero otras se le ve ir derechita a la diana.
      Me ánima mi vena escritora que te haya gustado.

      Besos.

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  5. OHH que frialdad!!
    ingenioso el relato genialll

    Besos abisales

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    1. De hecho, va a parecer un frío accidente de tráfico, pero en el fondo esconde una carga explosiva de resentimientos. La condena será leve frente a la recompensa.

      Gracias, Abismo, por tus palabras.

      Besos.

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  6. El relato como el accidente fatal que lo remata me parece perfecto.

    Besos

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    1. Bienvenida, Jara, a este Territorio Calado, en el momento perfecto, en que el equipo crece y nos motiva ofreceros variedad de miradas, palabras, imágenes que compartir con vosotros/as.

      Besos de encuentro.

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  7. Interesantísimo el relato, Gemela! Mantiene el interés todo el tiempo. Realmente es un crimen perfecto........... Un abrazo.

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    1. La casualidad parece que le otorga la perfección, pero cuantas veces le achacamos al azar, al destino un accidente, cuando se podría haber evitado y me pregunto ¿Hay o no hay premeditación y alevosía en él? Algo está cambiando cuando ya oímos " Es un delito contra la seguridad vial".

      Besos.

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