miércoles, 30 de julio de 2014

TE DIJE QUE VOLVERIA....................CON OTRAS POESIAS.



Podemos quebrar la realidad
aunque sólo un instante,
podemos creer que mañana
por fin reinará la paz.  

Podemos dejarnos llevar
por una   ilusa esperanza,
podemos soñar  un futuro
accesible y conveniente.

Podemos creer que  sabremos
lograr la felicidad,
podemos pensar por momentos
que todo va a ser posible.....

Podemos ver reflejado
otro mundo más amable,
podemos seguir adelante
sin mirar en nuestro entorno.

Podemos volver y alejarnos
siempre, una y otra vez,
pero no podemos huir.
no podremos olvidar...
  




Queridos amigos de calados, nos vemos la próxima temporada...!!!!

lunes, 28 de julio de 2014

35 MILÍMETROS: EL MISTERIO DEL ÁRBOL DE MI INFANCIA

                 


Ultimo corto antes de nuestro "hasta luego" del verano, con él quiero acercaros otra despedida.....
Con esta exagerada imagen, el dibujo del rostro de un niño, expresando la inocencia con una dulzura infinita, pretendo que lleguéis a reencontraros con vuestro ¿olvidado? corazón infantil.

El de hoy, es un corto animado,  cuenta una fascinante historia que nos traslada  al onírico y fantástico mundo de la niñez...

"Cierta noche, mientras un niño duerme le es arrebatado su osito de peluche; el pequeño deberá emprender una asombrosa aventura, a través del inmenso árbol de su infancia, a la búsqueda de  su amigo".

Una aventura surrealista hacia el fascinante y mágico mundo de los sueños, cuyo destino es "El árbol de la Infancia", el universo mágico de cada niñ@. 

Cortometraje  elaborado por la joven artista rusa Natalia Mirzoyan,  con veinticuatro años emprendió (dirección, guión) de una obra maestra que ganó el Festival Suzdal como mejor ópera prima en el año 2009. Los dibujos, hechos con pintura al pastel sobre papel y animados por ordenador, son de una delicadeza exquisita.
Una rama de luz blanca que llega hasta el techo, una escalera que apunta al cielo...el niño sabe que debe subir por ella, para recuperar su oso. Vértigo, molestos pájaros.  En el  enorme y magistral árbol hay un agujero a  otro mundo, el oso de trapo parece cobrar vida, ya que se le escapa de las manos cuando cree alcanzarlo......

......Va tras él...y llega a ese otro mundo, vuelve a sentirse niño,....pero la aparición de alguien inesperado, congela la imagen, enmudece el sonido, la vida, el color. Todo se silencia y se convierte en un mundo imaginario, una historia de cuento, de papel, cuyas paginas se las lleva el viento.....pero, ¿dónde?....

Una preciosa metáfora, que encierra otras muchas metáforas que van explicando como se produce el paso, el abandono de la niñez...Nuestro castillo, nuestro mundo seguro y a medida donde solo los sueños pueden turbarnos...se desintegra.. El inexorable tic.tac, nos destierra de la niñez, nos lanza al vacío y el oso  (niñez) se escurre de entre nuestras manos, lo separan de nosotros, intentos desesperados por recuperar la infancia, y sin remedio, nos vemos abocados a crecer.....




Cada paso, cada año, cada etapa.......una renuncia, un abandono, una despedida....pero también una nueva aventura para vivir, disfrutar, olvidar, recordar... y nuestra mente benévola se pone a fabricar y acicalar  las dosis justas de recuerdos, para alojarlos como se merecen en nuestra memoria....

Ahora sí..... ¡que paséis un gran verano! y que podáis darle voz, algunos ratos, a esos corazones dormidos....

¡Besos y abrazos calados y lectores!, ¡Hasta Septiembre!

Marinela

viernes, 25 de julio de 2014

FOTO POR TÍ_Los calores del verano

Afuera en el callejón las sombras ocultan pasiones. El calor insoportable enciende la noche y el deseo se esparce como esporas en las corrientes profundas del océano. Una pareja se abraza sin reservas, invisibles entre los claroscuros de la estrecha callejuela. Sus labios recorren su piel entre sudor, lápiz de labios y colonia barata. Tras el cristal sin embargo otros ojos les observan. Ellos dos sonríen nerviosos. Para ellos la batalla se desarrolla en mitad del restaurante, pero por debajo de la mesa en la que aún reposan los platos de su cena inacabada. En ese submundo oculto a las miradas son sus manos las que buscan premios escondidos.
Otro día acaba y el calor no amaina al caer la noche, los más terrenales instintos corren sin freno en todas direcciones. Las llamas incontrolables e incontenidas de sus desbocados sentidos consumirán seguro sus pasiones en esta madrugada.
La oscuridad arropa a los amantes y las sábanas blancas se tenderán mañana, al aire de un verano como tantos, borrando entre el sol y la brisa las huellas de otras tantas orgías...

Felíz verano, no sé si tan "tórrido" será, pero caluroso, seguro...
Nos vemos para cuando las mochilas de los peques paseen de nuevo por las calles.
Besos Calados!

miércoles, 23 de julio de 2014

CONDUCTORAS SUICIDAS. Conducción Zen


Matías, autónomo de un pequeño negocio de jardinería, superviviente todavía de esta acosadora crisis, ha meditado la idea de cómo abordar las vacaciones. Se ha dejado llevar por el pensamiento Zen que impregnó su vida cuando contactó con esa filosofía para crear esos relajantes jardines japoneses. No tuvo que hacer grandes esfuerzos para entenderla, porque Matías ya era una persona sencilla, que buscaba saborear sus vivencias cotidianas con su aquí y su ahora, conectado con el flujo de la naturaleza. De modo que alejándose de esos indicadores macroeconómicos y de su incomprensión y estupefacción por la gula monetaria de muchos innombrables, sigue a su intuición y ha decidido marcharse de vacaciones, eso si, dentro de sus posibilidades, de vuelta a sus orígenes, al pueblo que por fortuna tiene playita y todo.

Con el carácter pragmático de los japoneses, Matías planifica detalladamente su salida.

Deja a su mujer en el centro comercial para que prepare la intendencia y él se dirige al taller de su mejor amigo “el tuercas” con su concienzuda lista de control sobre su inestimable coche, prolongación de su ser.

Primer paso para ser un Conductor Zen, deshacerse de los sufrimientos que llevan los imprevistos, llámensen averías y así gozar de la tranquilidad de una buena conducción. Revisar los niveles de los líquidos, frenos, refrigerante, limpiaparabrisas, batería y el nivel de desgaste de los neumáticos (1,6 mm, mínimo)y su presión, así como la regulación de las luces.

Sigue con el segundo paso, encontrar su postura zen, imaginándose un Buda sedente con las piernas ligeramente flexionadas y las manos al volante en posición de las diez y diez; con el confort del aire acondicionado, revisada su carga de gas; con el suave discurrir del coche, gracias a unos amortiguadores en buen estado; sintiéndose protegido por el cinturón y el reposacabezas y regulados los espejos retrovisores para tener ojos en la nuca (el tercer ojo de Buda).

Como el destino es entrañable y conocido, su trayecto está más que claro por lo que se desembaraza del móvil, el GPS, desconecta la radio y prepara el clima para una meditación conductora, para activar una mente que no se mueve y cuando hace algo, simplemente lo hace, fluye con el tráfico en movimiento armónico. Encuentra su espacio, respeta la zona invisible que rodea a cada uno y no se pega al de delante.

Su principal máxima, la amabilidad, ayudando a los demás te ayudas a ti mismo, siguiendo la enseñanza del Gran Amor, la Gran Compasión y el gran Camino de Bodhisattva.

Pero toda meditación tiene una técnica y Matías practica la meditación de la Mente Clara, simplemente ser consciente de lo que está ocurriendo en ese mismo instante, esa mente oye a los coches yendo y viniendo, el viento que roza, el movimiento de las ruedas, el ronroneo del motor, el clic,clic del intermitente, todo ello acompañado con la técnica de la respiración abdominal, contando las inspiraciones hasta 10. En la mente clara no existe ningún sonido que sea considerado ruidoso o molesto, todo es como es.

Ahora bien, Matías reconoce que todavía es principiante para mantener esta técnica , se ha puesto a prueba cuando ha llegado a un hermoso y monumental atasco, circunstancia que ha superado claramente a su mente zen.

Viñeta  de www.e-faro.info
Con la mentalidad mística y oriental de Matías o con la filosofía occidental y práctica de su señora, nos vamos de vacaciones, el cómo ya nos lo dictará el fluir del universo o el de nuestros ahorros.

Nos leemos en septiembre y hasta entonces disfrutad de unas buenas vacaciones, queridos Calados y Lectores.

lunes, 21 de julio de 2014

LA GATA SOBRE EL TECLADO. Frente al espejo.

 

Aquel día lloré hasta quedarme sin lágrimas. Era una calurosa tarde de verano, de mediados de agosto. El son caía a plomo sobre las calles paralelas de aquel pequeño pueblo anclado en un estrecho valle.
Mis amigos me miraban en silencio, sin atreverse a decir nada. Yo había suplicado durante todo el día, lo había intentado de todas las formas posibles, incluso poniendo aquella carita de niña dulce que en más de una ocasión me había librado de una buena reprimenda.

Pero no convencí a nadie. Mi torrente de lágrimas fue a dar sobre tierras impermeables que no pudieron filtrar mi inocente pesar. “Es lo que siempre se hace cuando una niña ya ha tomado la comunión- me habían dicho- es lo que dicta la tradición”. Pero yo no entendía nada de estúpidas costumbres ancestrales que no encontraban respaldo en ninguna ley escrita.

A las cinco de la tarde me llevaron, como los toros a la arena del circo. Mis amigos me acompañaban en aquel breve paseo que me separaba del cruel sacrificio. Mi prima me tomó de la mano intentando darme ánimo. Ella ya había pasado por aquello hacía apenas un año.

La sala era oscura y destartalada y tenía sólo una pequeña ventana que daba a la calle. En la pared, había un espejo enorme que reflejaba mis ojos hinchados y mi rostro enrojecido por el llanto. Y sobre el espejo colgaba un retazo de guirnalda navideña pintada de purpurina que nadie se había preocupado de quitar.

Escuché unos pasos que se acercaban. Eran los de una mujer recia como un roble que entró en la habitación dando grandes zancadas.
- Siéntate frente al espejo -me dijo-
Pero yo no me moví.
- Siéntate guapa -volvió a decir en un tono más irritado- o tendré que atarte a la silla.

Su sonrisa era fría y fingida. Y creí descubrir, en el fondo de su mirada, un placer infinito que se nutría de mi dolor.

Me senté a regañadientes en aquella ajada butaca de skay, mientras mi pequeño séquito seguía observándome sin decir nada. Aquella mujer abrió un cajón de la cómoda que había bajo el espejo, y sacó una especie de sábana blanca que me puso alrededor del cuello. Parecía una minúscula doncella dispuesta a ser entregada como ofrenda a algún dios irascible. Después, cogió las tijeras mientras yo rompía de nuevo a llorar.
- Ni que te fuera a cortar la cabeza -dijo la mujer entre risas-
Primero cayó una y luego la otra. Sobre las desgastadas baldosas hidráulicas yacían mis dos trenzas, brillantes, gruesas, de un color cobrizo con múltiples reflejos.

Aquel día de verano sentí que la infancia comenzaba a alejarse de mí.