¡Pierde uno hasta la cabeza!
Hay que estar pendientes de dónde ponemos las cosas. Uno empieza por dejar las llaves sobre la encimera de la cocina, o por colocar la compra sobre la cama, o dejar el abrigo en la mesa del comedor.
Pero cuidado... Que se lo digan si no a esta pobre señora, que acaba por tener, sin saber cómo ni porqué, la cabeza en su regazo. Para hacérselo mirar..., ¿Que no?
