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viernes, 22 de marzo de 2013

EL GRAMÓFONO: PRIMAVERA


Ludovico Einaudi  es un compositor y pianista moderno que destaca por el desarrollo de frases melodiosas en sus composiciones para piano. Representa uno de los grandes éxitos de la música clásica contemporánea de los últimos años.
En 1986 comienza la búsqueda de un lenguaje musical más libre y personal a través de una serie de trabajos para danza multimedia y más tarde para piano.
Su música es ambiental, para meditar y a menudo introspectiva. Aunque no le gusta ser etiquetado como perteneciente a un estilo u otro, se le suele considerar minimalista.

LA PRIMAVERA MINIMALISTA DE EINAUDI; Elegancia y sinceridad


Creo que es justo que digamos que el corto que os presentamos no solo se ambienta con la música de Einaudi,  aunque éste  de nombre al corto.  La música de la primera parte es de Dustin O'Halloran, un joven pianista y compositor  estadounidense, que merece su justo protagonismo, junto a Ludovico Einaudi.

martes, 19 de marzo de 2013

LA GATA SOBRE EL TECLADO. Llegada inminente


Abro la puerta y enseguida me doy cuenta. Está cerca, muy cerca, y la odio. No puedo remediarlo. La visceralidad muerde los talones de mi vacilante razón y me impide ser lo sensata que se esperaría de alguien de  mi edad. A la gente, en general, le suele gustar, pero a mí no. Es siniestra, empalagosa y engañosa. Bajo ese halo de resurrección feliz alberga la vileza. Y lo digo por experiencia, o más bien por experiencias vividas. Ella me trae recuerdos malos, sombríos recuerdos que, como lapas viscosas, seguirán adheridos a mi memoria hasta el final de mis días.

¿Que si tengo prejuicios? No los suelo tener, pero admito una vez más que ella me desborda, me pone los nervios de punta, me rompe los esquemas, me despierta las ansiedades adormecidas durante el invierno. Es inquieta, variable, caprichosa, inesperada. Llega radiante, haciendo gala de su belleza, de la luz cegadora que irradia, pero a mí no me engaña. Bajo los brillos intensos, los vivos colores, la suavidad acaramelada de sus perfumes, trae la desdicha y la inquietud. La temo tanto que cuando noto su inminente presencia me armo cual guerrero masai a punto de entrar en combate. No se por donde atacará pero se que atacara. Lo ha venido haciendo durante años con una machacona perseverancia. Es pertinaz como la sequía, dulzona como una pera confitada, falsa como el beso de judas 
It´s here again the fucking spring.
Supongo que en inglés queda más fino. Y a todos aquellos que la améis, disfrutadla.

sábado, 16 de marzo de 2013

FOTO POR TÍ_Agitando la primavera



Me viene a la cabeza la instrucción por antonomasia, simple donde las haya, del medicamento prototípico de cuantos medicamentos existen: el jarabe. Esa recomendación no es otra que la vituperada por ambigua expresión de “agitar antes de usar”.

No se sabe bien porqué, cualquier cosa que de pequeño se tomaba bajo esta magistral presentación de botellita de cristal, generalmente oscuro, debía de ser agitada enérgicamente para que el mágico brebaje, de sabor casi siempre vomitivo, hiciera cuanto antes mejorar del constipado. Esto no significa tener un constipado mejor, sino abandonarlo para sanar olvidando así sus efectos: los mocos verdes, la tos de perro, y la fiebre que la madre siempre descubría besándonos en la frente, y para más seguridad, usando aquel termómetro frío y delgado que acababa las más de las veces perdido entre la camiseta y el ombligo, siendo incapaz como es sabido un infante, de mantener quieto su sobaco.

El jarabe se agitaba, era algo que casi siempre pedía a mi madre que me dejara hacer, al menos, me quedaba el placer de obrar yo mismo el milagro de aquella extraña alquimia, claro está, después de advertirme: "sí cariño, pero hazlo con cuidado". Unos cuantos movimientos más o menos bruscos,  (la prudencia obligaba) y sus diversos elementos se combinaban en el interior, misterioso y oscuro de aquella botella, para dar como resultado el efecto esperado: la curación de la tos, de los mocos, de la fiebre.

Pues eso imaginé que debía de hacer, aunque no con las gerberas de la foto. Agitar, lo que agité, fue mi cámara. Durante medio segundo, una eternidad según para qué, agité la cámara delante de aquel par de “flores” frente a la ventana. Agité casi como hacía de pequeño con la botella de jarabe. La fórmula para esta ocasión es simple: se coge la cámara, se ajusta el foco, y se decide una oportuna exposición con la única premisa de mantener adecuadamente baja la velocidad de obturación, ese medio segundo por ejemplo, que permita que el movimiento de la mano, como de agitar en suave giro de muñeca aquella botella de jarabe, registre lo fotografiado dibujando en el aire las trazas de su luz y color..., y si son flores, pues ya tenemos unas "flores agitadas"... ¿Y para qué las quise "agitar"?

Ni más ni menos esperando que la primavera que nos arrolla traiga la sanación de mis mocos, de mis toses, y de mi fiebre. También para que las cosas que suelen pasar en primavera lleguen y lleguen bien: que salgan más flores y sean más bonitas, que hagan más mejores buenos tiempos, buenos de verdad, no calores anacrónicos ni vientos que tumban fallas. Que vuelen más mariposas, que canten más y mejor los gorriones, los petirrojos y las currucas, que las tardes se tiñan de rosa y naranja y añil, que la gente encuentre lo que busca y desea, lo que necesita y espera. Que dejen de darnos  malas noticias y contarnos que sube la cifra de parados, bien lo sabemos. Que dejemos de conocer a tantos indeseables politicuchos, bastardos despreciables que han jugado y han roto y perdido lo que es de todos, incluida la ilusión. Que no se oigan gritos en el piso del vecino, que no suenen las sirenas de la policía ni de las ambulancias ni de los camiones de bomberos.
Que en las noches sólo se oiga el susurro del viento y el canto de los grillos enamorados.

Y es que la primavera dicen que la “sangre altera”, y cierto es que suele ser un tiempo agitado.
Pero por una vez, por esta vez, por favor que no sea revuelto, algo parecido al martini de Bond..., James Bond.