Casi sin querer me fijé en ellos. Caí en la cuenta de que eran, más bien, ellas. Era fácil, porque
en los numerosos carteles pegados por dentro se podía leer: "se regalan
gatitas".
Había
varios compartimentos separados por maderas. La mayoría dormitaban sobre sus mantas. Pero esta pareja bebía agua, aparentemente con una sed
insaciable.
Tomé
varias fotos, pero en casi todas ellas se tapaban la una a la otra sin aportar nada
interesante al momento, salvo esa sed infinita... Finalmente y cuando ya
perdía la esperanza, dejaron de beber y se dedicaron a deambular brevemente,
con pasos vacilantes, hasta que una de ella se paró frente a mí y se agachó
dispuesta tal vez a buscar algo interesante a la otra parte del cristal, en el mundo que quedaba trás él. Pensé que iba a mirarme como yo la miraba a ella. Me
agaché más aún y apoyé el objetivo contra el vidrio, justo delante de su
hociquito, cosa que ante mi sorpresa ignoró, porque siguió con aquella mirada
perdida y esa inquietante indiferencia. Su hermana (¿?), más tranquila y detrás de
ella, parecía rebuscar algo sobre su mantita.
No hizo gesto alguno, no me dedicó ni una carantoña, ni tan siquiera un aburrido bostezo, ni mucho menos una mirada, por mucho que yo hice ruiditos con mis nudillos golpeando la vitrina justo por delante de sus ojos... Quizá por eso y aunque ya han pasado algunos meses, me sigue impresionando el recuerdo de su ausente, resignada y perdida forma de mirar.
Espero que a vosotros no os resulte indiferente...
Un saludo Calados.
No hizo gesto alguno, no me dedicó ni una carantoña, ni tan siquiera un aburrido bostezo, ni mucho menos una mirada, por mucho que yo hice ruiditos con mis nudillos golpeando la vitrina justo por delante de sus ojos... Quizá por eso y aunque ya han pasado algunos meses, me sigue impresionando el recuerdo de su ausente, resignada y perdida forma de mirar.
Espero que a vosotros no os resulte indiferente...
Un saludo Calados.
