Amarillea la mies y ante el cielo atardecido,
el camino se detiene, frente a la torre vigía,
anegado de silencio en busca del horizonte,
un descanso peregrino atisba caer la tarde...
Tras los arboles, el mundo inicia su rodadura,
entre la noche y la tierra aplastada de recuerdos
la llanura se ennegrece salpicada de fantasmas
de ecos de mil pisadas, de susurros de mil almas.
Soledad vacía y dura, obligada por el viento
a penar día tras día, crepúsculo tras crepúsculo.
Mortecina la mirada y olvidada la añoranza...
el caminante recuerda y mira hacia el infinito.
En el azul de su cielo busca sus pasos futuros..
y destila su nostalgia frente a la inmensa llanura,
algún día, entre sollozos de amarguras o alegrías,
encontrará su destino y entenderá su pasado....
