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martes, 26 de marzo de 2013

LA GATA SOBRE EL TECLADO. Sabores


No me decidía a probarla, pero al fin lo hice. Hasta entonces sólo la había saboreado levemente, mojando mis labios  con turbación en ella. Al principio sabia dulce, muy dulce, después burbujeante como si se tratara de un vino espumoso. Un poco más tarde se volvió amarga como la hiel. Dí un trago largo y la sentí pasar helada por mi esófago, pero el siguiente trago ardía, tanto que me quemó la punta de la lengua y la garganta. A pesar de ello, seguí paladeándola y esta vez me produjo una sensación de escalofrío en la coronilla. Beberla era un placer imposible de frenar, Transparente, opaca, translúcida, turbia, nítida, clara, oscura. De repente, maravilloso su sabor, otrora, repugnante. Otro sorbo. Sentí arcadas y a continuación, un inmenso deleite. Su sabor se extendía imparable por todo mi cuerpo, llegando hasta las cloacas de la piel. Era fuerte, suave, abrupto, asfixiante, luminoso, tedioso, único.
Unico.
El sabor de la vida.