Fotografía: Fernando Fernández Páez.
Todo el océano cabía en su pecho,
mientras la luz, iluminaba sus ojos..
la bruma fundía sus pensamientos,
amortiguando sus temores y dudas.
El horizonte rectilíneo y certero..,
le aportaba confianza y seguridad.
la realidad inabarcable del mar...
la volvía diminuta, insignificante.
Su esperanza se sumía en el infinito
sin dimensión, sin pautas que cumplir.
Era un continuo donde vivir y actuar
y siempre un futuro en el que soñar...
La brisa jugó en sus tensos pómulos
relajando el rictus amargo de su boca,
ondeaba su pelo al placer del viento,
alejando de ella sus tristes augurios..
De espaldas a un mundo hostil....
cansada de derrotas ante mil batallas,
buscó, ante la inmensidad del azul,
el viento y la sal para su descanso.
el viento y la sal para su descanso.
Deseó ser feliz y el mar la escuchó.
perdió la conciencia de sí misma...
y puso proa hacia lo desconocido...
mientras las olas reflejaban su sonrisa.
