Queridos Calados y lectores, suaves brisas nos traen nuevos aromas a este Territorio Calado. Si queréis disfrutar de una fragancia impresionista, recordad que el próximo sábado un nuevo Calado nos abrirá una nueva ventana que nos ofrecerá un paisaje de luces, colores e impresiones emocionales filtradas a través del objetivo de su cámara. Atención a su primer disparo, no os lo podéis perder.
Imagen del artista Dan Bergeron
Encajado en el asiento de su
coche se agolpaban las secuencias de su vida, las que habían marcado su
destino, las más espinosas y no precisamente adornadas de pétalos de rosas,
esas que habían ajado su alma, su autoestima, llegando incluso a aflorar en la
superficie de su piel para luego hundirse y marcar sus arrugas. La visión que percibía a través del espejo
retrovisor del pasado era de un autentico gilipollas, de un ser que había ido
perdiendo su propio color, sus precisas líneas que definían en un principio su suave carácter para
convertirlo en un ser de tez azulada y figura angulosa e irreconocible.
Pero la causa de su hastío no había sido el mundo y sus
circunstancias, el azar o el destino fatal, sino ÉL, sólo ÉL, y nada más que ÉL,
su amigo, su colega en los estudios, el que acabó siendo incluso compañero de
trabajo y más aún, como un miembro de su
familia más, el tío guay.
Si señor, un encanto de tío que
proporcionaba los mejores momentos divertidos a mis hijos y un irresistible latin lover que embaucó
a mi mujer. En un divorciado me convirtió, separado de la vida familiar cuyo
hueco ocupaba ÉL, pero los conflictos con los niños, ahora no tan niños y las
crisis emocionales de mi ex, seguían descansando sobre mis hombros que estoicamente
soportaba como nexo de unión, aunque acabaran ahogándome, acercándome al más
puro masoquismo.
Yo mismo había sido víctima de
este camaleónico ser, derrochador de habilidades sociales. Supo mantenerme en
la creencia de formar un verdadero tandem en el proyecto que desarrollábamos en
la empresa para luego conseguir ascender y llevarse el proyecto solo para él,
cuando la genial idea era mía y consiguió que quedara como un
mero ayudante. Si eso me reventó, verle abandonar el proyecto en otras manos, para ser
nombrado Jefe del servicio de recursos humanos, fue letal.
Acabo de salir de su despacho con el despido en la mano.
Acabo de salir de su despacho con el despido en la mano.
Sigue sentado, triturando sus
sentimientos para conseguir cocer un deseo, hacer desaparecer la existencia de
ese ser en el diabólico caldero de la venganza. Pero sabe que le falta el fuego
y hasta la leña que le dé la suficiente energía para ello, porque ni siquiera
logró encenderse cuando las primeras chispas saltaron hace años. Ni es un tipo visceral, ni es un estratega frío y calculador para tramar el más perfecto de los crímenes.
Aparcado decide abandonar
definitivamente su plaza del viejo garaje de la empresa. En un impulsivo
arranque, apretando el acelerador con rabia, enfila el pasillo que enfrenta a
la puerta de salida. De pronto se
apagan la luces del garaje, los faros de su coche no están encendidos y en esa ceguera, ni piensa que pasaría si algún coche viniera de frente. Sólo contempla ese punto luminoso de fuga. Cuando por fin lo franquea, sus pupilas dilatadas dejan pasar la luz que le deslumbra. Sigue ciego y con el pie paralizado a medio gas incapaz de pisar el pedal del freno, atraviesa la acera y le detiene, en mitad de la calzada, un estruendo a chatarra. Se ha convertido en el artista de la más retorcida escultura metálica, la más aterradora obra mortal, cuya figura central es el cuerpo sin vida de un trabajador, casualmente de su empresa. Del maletín que llevaba el desgraciado ejecutivo, volaban los papeles con el membrete de la empresa y a pie de esos documentos la firma del Jefe de servicio de Recursos Humanos. Era ÉL.
Sentado frente a la mesa del despacho de su abogado, estudian el caso para preparar su defensa. El abogado hace una mueca que no llega a interpretar bien, no se atreve a confesarle que pueden estar ante el CRIMEN PERFECTO.
Besos de las Gemelas del Sur.
Sentado frente a la mesa del despacho de su abogado, estudian el caso para preparar su defensa. El abogado hace una mueca que no llega a interpretar bien, no se atreve a confesarle que pueden estar ante el CRIMEN PERFECTO.
Besos de las Gemelas del Sur.
