Sin creer demasiado en los días que señala el
calendario
para hacer ofrendas pactadas al amor y a la amistad…
En esta ocasión y sin que sirva de precedente, queremos rendir nuestro pequeño
homenaje al
amor correspondido….
Viajar en tren puede rebelar nuestro destino. El tren
es un medio de
locomoción cómodo que nos proporciona cierta libertad de
movimientos. A veces, tenemos la suerte de coincidir con personas que provocan en nosotros un efecto
túnel, y acabamos
viéndolas a través de un
calidoscopio, solo a ellas, multiplicadas y luminosas, aislándonos por completo del
resto de la
humanidad. Un asiento libre, un hueco entre vagones, puede dar
lugar a un
encuentro inolvidable. Hay quien asegura que las relaciones más apasionadas surgen de un impulso. Es por eso que cuando circulamos por una vía subidos en ese tren, hemos de aprovecharlo, perseguirlo,
hasta conseguir
ese asiento libre al lado de nuestro objetivo. Los vagones
hablan de personas
en constante encuentro. Puertas que se cierran, miradas que se
cruzan y desaparecen en el anden de una estación, La nostalgia de una
mañana unida a la
presencia efímera de "esa persona" hace surgir el impulso,
encandilarnos por ella, creando un clima de
romanticismo de vías
y paisajes, de ventanas y pasillos, un momento reflexivo... un
contacto, que quizá nos
lleve a conocer una
persona especial. Luego, la distancia, el
tiempo y la soledad alimentarán nuestro deseo, y querremos que Cupido y Anteros hagan
lo propio y viajen
con nosotros en el mismo vagón, en ese tren de los encuentros...y venguen nuestros desencantos.
¡No perdáis ese tren Calados!
Las Gemelas del Sur