Sí, realmente esto es una botella, y más concretamente de vino, un Vegamar, Reserva 2007, un vino tinto de la tierra, con el sello del Consejo Regulador de Vinos de Valencia. Así que podría
haber titulado esta foto y mi primera entrada por estos lares como: "La botella de vino".
Pues no, porque aunque no
lo creas, o justamente tal y como has adivinado, ese que está detrás de la dichosa botella soy yo, la foto me la he hecho yo, y por tanto
técnicamente es un autorretrato.
Lo que ves de mí es todo cuanto de momento te quiero mostrar: mi ojo, el izquierdo para más señas, y si te fijas, también ves mi cámara. Y además porque la botella no sólo te la muestro, es más, te la regalo..., lo que me interesa mostrarte es lo que ves de mí.
Es curioso, o no, pero ese ojo es el que uso para encuadrar por el visor, y me costó varios disparos el situarme de manera que sólo él fuera visible en la foto, ocultando el resto de mi cara tras la botella. Tenía que procurar, con bastante pericia por cierto para mantener la botella en el ángulo adecuado, alcanzar a ver cómo el diafragma de mi cámara se abría durante una fracción de segundo, y captaba la susodicha que sostenía con mi mano derecha frente a mí, tapando gran parte de mi rostro, mientras con la otra mano apretaba el dispardor del mando remoto, apuntando con tino al receptor de infrarrojos, y teniendo que retirarla rápidamente para que no saliese en la foto..., contar, uno, dos..., ¡cataclok! (bueno, es que mi cámara no hace el típico, ñoño y mañido "clik", universal onomatopeya del preciso istante en el que se lleva a cabo el mágico gesto de disparar una cámara de fotos...).
Lo que ves de mí es todo cuanto de momento te quiero mostrar: mi ojo, el izquierdo para más señas, y si te fijas, también ves mi cámara. Y además porque la botella no sólo te la muestro, es más, te la regalo..., lo que me interesa mostrarte es lo que ves de mí.
Es curioso, o no, pero ese ojo es el que uso para encuadrar por el visor, y me costó varios disparos el situarme de manera que sólo él fuera visible en la foto, ocultando el resto de mi cara tras la botella. Tenía que procurar, con bastante pericia por cierto para mantener la botella en el ángulo adecuado, alcanzar a ver cómo el diafragma de mi cámara se abría durante una fracción de segundo, y captaba la susodicha que sostenía con mi mano derecha frente a mí, tapando gran parte de mi rostro, mientras con la otra mano apretaba el dispardor del mando remoto, apuntando con tino al receptor de infrarrojos, y teniendo que retirarla rápidamente para que no saliese en la foto..., contar, uno, dos..., ¡cataclok! (bueno, es que mi cámara no hace el típico, ñoño y mañido "clik", universal onomatopeya del preciso istante en el que se lleva a cabo el mágico gesto de disparar una cámara de fotos...).
Como todo tiene un
porqué, pues me explico...
Recibí, creo que como casi todos los que nacieron
en mi tiempo, una determinada educación.
Ni mejor ni peor que otras, ni todo lo
contrario, simplemente fue la que me dieron. En ella se nos enseñaban cosas que hoy
apenas se tienen en cuenta. Por ejemplo, se nos enseñaba que era cortés y
oportuno el llevar un presente a casa de los anfitriones, al menos cuando por
primera vez, nos abrían las puertas de sus casas.
Así que como ese es hoy mi
caso, empiezo con esto, un regalo.
Mi regalo es el habitual en estos casos: una simple botella de vino...
Un regalo para todos, anfitriones, pero también para
los comensales de una mesa a la que he tenido el placer y el honor de ser invitado. Un
regalo para todos, también para mí, porque me sabe a regalo el poder asomarme a
esta, la ventana que te lleva a territorio calado, la pantalla de tu ordenador,
tu propia ventana abierta a mundos soñados, a lugares por inventar.
Y para todos, porque me asomo a vuestras casas por
primera vez, y por eso os doy las gracias.
Así que prepara tu copa, esto es sólo
el comienzo...
¡foto por ti!
No creas, mucha gente pronuncia la "v"
como una "f"...
Nos vamos calando..., ¡uy, perdón!: nos vamos
viendo.
