
De vez en cuando, vienen a buscarnos historias que nosotras intentamos contar fielmente, pero ya se sabe, los recuerdos mezclados con la fantasía se amalgaman y transforman.
"La vida y rutina de los veteranos de la carretera, es padecer y disfrutar de la soledad, según se mire. Para Julio era lo primero. Un viaje más, una semana más por delante de camino solitario. Estaba cansado de las horas eternas hablando consigo mismo, aprendiendo de memoria las listas de éxito de emisoras varias, comiendo en bares de carretera o áreas de servicio cocina mediocre, sin compartir bocado con alguien que de verdad le conmoviera. Ya estaba cansado de vivir a ratos, sólo los fines de semana. Por no estar nunca se le perdían los amigos y se daban a la fuga sus amores. Estaba harto de gastar el sueño fijándose en las líneas de la carretera, que parecían querer encontrarse y nunca lo conseguían. Julio espera algún día poder dejar el camión y vivir en una casa rodeado de personas que lo echen de menos cuando no esté."
"María sigue asomada a la ventana de la nada. No sabe por qué se perdía tantas veces y nadie la encontraba. Quiere dejar de sentir la soledad que la hiela por dentro cada vez que se olvida de ella misma y no reconoce nada de lo que le rodea. Cuando eso sucede, le invade el vacío, aplástándola sin dejarle respirar. A veces, en medio de ese abandono, oye una melodía que la rescata de la angustia que le provoca el pánico. Espera la señal que le persuada y le obligue a dar el salto al vacío, al mundo de afuera. María quiere viajar al corazón de su madre y su hermano, quiere dejar de ser "un dentro de mi" y que las palabras y sus manos la toquen sin sentir miedo".
Al principio del verano, abrió la puerta y salió al mundo exterior. En su camino se encontró con Julio, que sorprendido le preguntó, ¿dónde vas princesa? La niña no le miró, se puso delante de la puerta de su camión, esperando que abriera, Julio abrió y le ayudó a subir.
María no habla, ni le mira, sus ojos siguen perdidos más allá de su pensamiento. Julio no tardó en localizar a su madre. Al notar su ausencia, salió a buscarla, ambos vehículos estaban parados en el Área de Servicio de la AP7.
Al encontrarse de nuevo con su madre y su hermano, tuvo una reacción inesperada. Se agarró fuerte a la mano de su madre y con una mirada expresiva por primera vez, le pedía, ¡no me sueltes!
La niña parecía que regresaba al mundo, llegó a pronunciar algunas palabras y con gestos mostraba sus deseos, pero a pesar de que ella quería quedarse, un día alguien dentro de su cabeza, se la llevó de nuevo.
Julio la visitaba alguna vez, entre viaje y viaje. A menudo pensaba en su soledad y en la de María, la soledad del silencio y el abandono. Sus visitas se producían como un ritual, cuando Julio llegaba a su casa, ésta iba a su encuentro, permanecía quieta y callada durante unos segundos con esa mirada que no mira pero traspasa, luego, corría hacia él y se quedaba abrazada largo rato, mientras, Julio le preguntaba ¿cuál es tu mundo hoy princesa?
Desde la cárcel autista, se puede salir a ratos, pero nunca se consigue la libertad, no obstante, el intentar conocer y adaptarse a su mundo nos acerca a ellos.
Saludos queridos calados y lectores